Por Leonardo Granadillo
15 abril, 2019

Hay lazos que son tan fuertes que no necesariamente deben ser sanguíneos. Al ser el pequeño de mi hermana elegida, tienes un gran lugar en mi corazón ❤.

Actualmente hay una cruel tendencia, menospreciar a los pequeños de la casa, incomodarse con su presencia o hasta compararlos con mascotas. Y no me malinterpreten, soy un amante de las mascotas, pero el lugar que ocupa un niño en nuestras vidas hay que respetarlo.

Un hijo es un ser muy valioso y para nadie es un secreto, un sobrino también es importante pero ¿qué me dicen de los hijos de nuestras amistades? Pues no, no soy de esos millennial que no soportan a los pequeños, tal vez pueda no soportar a padres que no saben criarlos, pero jamás a ellos.

Antes de comprender el amor que podemos llegar a sentir por el bebé de un mejor amigo o mejor amiga, es importante entender el rol de nuestras amistades. Un amigo verdadero es un hermano que tú elegiste, solemos escoger a la persona que queremos para toda nuestra vida y se convierte en nuestra pareja, una amistad es algo así, con la diferencia de que puedes estar seguro que será para toda la vida.

Cuando uno de esos amigos tiene un hijo o una hija, sientes un amor inexplicable. Indescriptible porque la sangre lo oculta pero tu lo sientes, lo ves crecer, cuando tengas la oportunidad de ver algo para él se lo vas a comprar, y serás esa segunda mamá o especie de hermana mayor que lo defenderá cuando tu amiga quiera prohibirle algo y tú se lo quieras dar.

Eres el hombro donde puede llorar, sueles darle lo mejor que tienes porque no los ves todo el día, y cuando te dicen «tío» o «tía» sientes que te pagan con el doble de lo que das, porque es tu familia, y te encanta que te lo repita y te lo recuerde. Por todos esos ‘sobrinos’ que nos dio la vida y no por obligación sino por escogencia, los amamos.

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