Por Antonio Rosselot
7 diciembre, 2020

La argentina Agostina Arreguez —de 15 años y oriunda de la comunidad indígena de Amaicha— tuvo que pasar por muchas penurias para cumplir su sueño de ser bailarina de ballet. Afortunadamente, su esfuerzo constante rindió frutos y fue becada en la escuela del mundialmente conocido Julio Bocca, en Buenos Aires.

En su casa de la comunidad indígena Amaicha del Valle, ubicada en los valles Calchaquíes de la provincia de Tucumán (Argentina), Agostina Arreguez miró la tele un día y vio a una bailarina de ballet en un programa de TV, hace más de diez años.

Esa vez le dijo a su abuelo que ella iba a estar allí algún día, bailando “de puntitas”, anticipando un sueño que, tras muchísimo esfuerzo, logró cumplir: hoy, a sus 15 años, fue seleccionada en la fundación del afamado bailarín argentino Julio Bocca para aprender el ballet profesionalmente.

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Sus padres cuentan que Agostina siempre fue buena para bailar, pero que en Amaicha no había mucha variedad en la oferta: sólo habían academias de bailes folclóricos, los que no le gustaban nada, aunque sus padres hayan fundado una de estas academias y la hayan llevado a clases desde pequeña.

“Era todo un tema: a la señorita no le gustaba. Tenía tres años y hacía la suya: nos hacía renegar, volvía llorando a la casa”.

—Samanta, madre de Agostina, a Infobae—

Infobae / Familia Arreguez

Luego de tomar una serie de clases de danza en un poblado cercano, en 2010, la madre de Agostina vio un cartel en Amaicha que decía que una profesora —recibida en el afamado Teatro Colón— haría un taller de danzas clásicas. Y claro, la pequeña fue la primera en anotarse.

Paula Violante, la profesora, quedó maravillada con Agostina y le dijo a su madre que la entrenara, que tenía condiciones y que debía buscarle una profesora. Pero claro, en Amaicha era prácticamente imposible lograr eso, así que la pequeña recurrió al profesor más democrático de todos: YouTube.

“Yo era chiquita y seguramente hacía un papelón en vez de aprender, tratando de copiar lo que veía ahí. Seguía diferentes escuelas, pero me gusta mucho la de los Estados Unidos. Y bueno… sirvió”.

—Agostina Arreguez a Infobae—

Agostina se tomó en serio el desafío, y su familia la apoyó incondicionalmente: en un comienzo tenían que recorrer 60 kilómetros todos los sábados hacia Cafayate para que ella entrenara, pero la profesora se mudó a Salta y tuvieron que agregar 200 kilómetros más al trayecto.

El sacrificio de los Arreguez era sinceramente inspirador y emocionante. Muchas veces tuvieron que dormir en las terminales tras haber perdido el último bus del día, apenas había dinero para hospedaje y comida. Además, algunas de las profesoras comenzaron a tratar muy mal a Agostina, haciéndola dudar de su futuro y su pasión.

“Me pasaron cosas muy feas: empezaron a tratarme mal. Me enojé con la danza. No quería saber nada. ¡Me sentía horrible!, literal. No quería que nadie me viera”.

—Agostina Arreguez a Infobae—

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Agostina estuvo todo 2018 bailando en casa con YouTube, frustrada y desencantada, pero su madre le consiguió unas clases en la ciudad de Tucumán y, en ese lugar, pudo soltarse y desenvolverse como la gran bailarina que es.

Gracias a una coreografía inspirada en la obra Fantasía, y creada por Yanina Llenes —profesora de Agostina—, el destacado bailarín Julio Bocca conoció el talento de la chica y la becó de manera permanente en su fundación, a la que recién podrá sumarse cuando cumpla 16 años, en agosto de 2021.

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Agostina comenzará seguramente una carrera llena de éxitos, donde podrá demostrar su conocimiento y arduo trabajo. Pero la fama no la nublará: para ella, ser una bailarina de ballet de origen indígena es motivo de pleno orgullo.

¡Bravo, Agostina!

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