Saionara Angioletti, madre de dos hijos, habló sobre la violencia obstétrica que vivió durante su primer embarazo en 2017, donde fue juzgada por su sobrepeso. El médico no quería practicarle una cesárea por tener grasa y que “debió pensarlo antes de quedar embarazada”.

La violencia no es solo aquella que se ejerce de manera física, pues también la violencia psicológica juega un papel principal en muchas situaciones, y no solo aquellas referidas en contextos de parejas, si no en muchos más. Uno de ellos, al momento de ser atendido por un profesional de la salud.

Ir al médico es porque sentimos una complicación en nuestra salud y necesitamos que aquellos que nos atienden, nos den la calma para sobrellevar cualquier diagnostico, ayudar a solucionar el problema o bien darnos buenas noticias. Sin embargo, existen ciertos casos donde no obtenemos esos resultados y pasamos a ser víctimas de situaciones realmente dolorosas. 

En eso se basa el contundente relato de Saionara Angioletti, una brasileña y madre de dos hijos, quien fue víctima de violencia obstétrica al momento de dar a la luz a su primer hijo. Fue juzgada por su peso y mal atendida por los profesionales de salud mientras se debatía entre la vida y la muerte.

Instagram @saionaraaang

En una publicación en su cuenta de Instagram, Saionara abrió su corazón a uno de los momentos más difíciles de su vida. Hace unos siete años atrás, quedó embarazada de su primer hijo, Bernardo, pero su gestación fue de alto riesgo y debido al reposo por esto, ganó mucho peso, llegando a pesar hasta 128 kilos. 

Con controles todas las semanas, altas dosis de medicinas y meses acostada en su dormitorio —sumado al riesgo de desarrollar preeclampsia— Saionara solo confiaba en sus médicos para poder llevar su embarazo a término y tener a su bebé sano en brazos.

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Sin embargo, cuando llegó el día del parto, su médico de cabecera no estaba y fue atendida por uno de guardia. Allí comenzó la pesadilla. 

Antes de comenzar el procedimiento, lo primero que el médico le preguntó fue: “¿Cómo puede quedar embarazada una persona gorda como tú?”. Con eso, las próximas 40 horas hasta el nacimiento de Bernardo iban a ser una completa pesadilla en la que fue juzgada y maltratada en varias oportunidades.

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Con serios problemas para encontrar la dilatación y su vida y la del bebé corriendo riesgo —eso sumado a la serie de maldiciones que Saionara recibía del médico durante el proceso— finalmente la madre de ella le pidió que por favor le practicaran una cesárea. 

¿La respuesta del médico? Que no haría una cesárea con grasa y que debería haberlo pensado antes de quedar embarazada. Además, según él, no habría ninguna diferencia entre hacer la cirugía o no, Saionara moriría de la misma manera.

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Unas horas más tarde, Saionara se despertó y una enfermera le dijo que hubo cambio de turno y que un nuevo médico le salvaría la vida, sin embargo, la situación no se puso mejor. 

Solo con cinco minutos para salvar la vida de ella y su hijo, y sin las dilataciones correspondientes para dar a luz a su hijo, el nuevo médico decidió utilizar la maniobra de Kristeller. En ella, le solicitó a dos enfermeras que se subieran en el vientre de Saionara para obligar a su hijo a salir, siendo un método considerado como violencia obstétrica. 

A las 11.40 pm del 15 de junio, Saionara dio a luz a su hijo, Bernardo, que pesaba 4 kg. El equipo solo la dejó verlo por unos tres segundos y el médico dijo que intentaría “arreglar” lo que había sucedido y que todo estaría bien, pero su batalla no terminaría ahí.

Malas prácticas

Tras realizarle 36 puntos como forma de “reparar” el daño provocado por el parto, Saionara se encontraba destruida pero agradecida de que, finalmente, su hijo y ella habían salido con vida.

Sin embargo, cuando llegó a casa comenzó a evacuar “desechos” por el canal vaginal de forma involuntaria y se dio cuenta de que todo su sufrimiento no había terminado en el parto. Regresó al hospital y el médico le diagnosticó una fístula rectal, una condición médica extremadamente rara, en la que la paciente tiene una conexión entre el canal rectal y vaginal.

Con nuevas cirugías y sometida a usar una bolsa, estuvo 28 días hospitalizada, lejos de su bebé. Todo eso sumado a su frustración, sintiéndose triste y herida, hasta que le dieron la oportunidad de realizarse una cirugía bariátrica, para perder peso y así poder librarse de la bolsa. Si bien se mostró reacia, finalmente accedió a la cirugía cuando pesaba 141 kilos y fue todo un éxito.

Dos meses después de esa pesadilla, Saionara se enteró que estaba embarazada de nuevo y si bien, sintió desesperación y mucha angustia, decidió bajar de peso durante su embarazo y así, luego de un enorme proceso, llegó su bebé a las 34 semanas de embarazo.

Una situación que de seguro no solo ha vivido Saionara y que sirve para empatizar y definir límites en situaciones como estas. 

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