Por Lucas Rodríguez
11 noviembre, 2019

Molly DeFrank sospechaba que sus hijos estaban perdiendo su creatividad. Dejando de lado las pantallas, sus hijos florecieron.

El progreso de la humanidad nunca ha venido sin ciertos costos. Especialmente cuando nos referimos a los avances en la tecnología que usamos para simplificar nuestra tareas o mejorar nuestra interacción con el mundo, los cambios nunca han llegado gratis. Junto con ello, las generaciones que ya han cumplido su ciclo y se preparan para mirar el mundo sin tener que seguir haciéndose cargo de él, siempre van a tener una actitud de desconfianza hacia la tecnología más novedosa. En su momento, la gente creía que la televisión nos iba a volver estúpidos. Hoy, es el hecho de que no podemos ir a un solo lugar sin ver que la gente pone una pantalla frente a sus ojos. 

Como siempre es con estos temas complejos, hay algo de verdad en todas las opiniones. La omnipresencia de las pantallas sí tiene importantes consecuencias negativas, pero también grandes facilidades, especialmente en el acceso al conocimiento y la cultura. La opinión de una madre y bloguera de California es que sus niños se habían vuelto demasiado dependiente de sus pantallas. Para probarlo, decidió llevar su ya estricta regla de una hora de pantalla al día a su extremo lógico. 

Facebook: Molly DeFrank

Temiendo que la capacidad creativa de sus niños disminuía cada día más, Molly decidió tomar al toro por las astas. En su Facebook contó como reuniendo a sus hijos, les informó que no tendrían acceso a pantallas por un tiempo tan largo como 7 meses. Siete largos meses in poder prender una televisión o mirar un smartphone.

La experiencia no fue sencilla. Al principio, sus niños montaron en furia: les encantaba ver sus programas de televisión y jugar con sus apps interactivas. Odiaron a su madre, pero de a poco se fueron acostumbrando. Con el paso de los meses, ni siquiera notaron que mirar una pantalla no era una opción. Sus actividades en el exterior o usando cosas no tecnológicas se volvieron la nueva norma. Molly no podía creer lo que veía. No solo sus hijos estaban más activos, sino que también sugerían paseos o inventaban juegos: su creatividad se había disparado. 

Facebook: Molly DeFrank

La foto más impresionante que salió de este proceso, fue de una simple mañana en la residencia DeFrank. Envés de niños hipnotizados por las ondas del televisor, vemos a varios niños, cada uno con su libro, haciendo trabajar sus neuronas y su creatividad.

Facebook: Molly DeFrank

Molly llegó incluso a escribir en su Facebook que había «recuperado a sus hijos». Al parecer, la tecnología no es una buena mezcla con alguien tan impresionable como un niño.

 

 

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