Por Lucas Rodríguez
22 enero, 2020

Se dio cuenta que planchar la ropa, ordenar la casa y hornear galletas le daba más satisfacción que trabajar 10 horas al día.

El siglo pasado va a ser muy recordado por un montón de razones. Fue sin dudas que el siglo donde el progreso humano vio sus momentos de aceleración más vertiginosos, así como las tragedias más horribles que han acontecido a nuestra especie hasta el día de hoy. Fue el siglo donde inventamos los aviones, pero también el donde inventamos la bomba nuclear. Lo que sí podemos señalar, es que el siglo XX ha sido el momento en que la humanidad ha hecho sus mejores esfuerzos por ponerse de acuerdo en cómo quiere tratarse entre las personas.

No es que ya no existan conflictos en el mundo, más bien que hemos aprendido de nuestros errores. Hemos aceptado que hay personas distintas, con creencias, apariencias, formas de ser o de hablar que puede que no tengan nada que ver una con la otra, lo que no significa que no vayamos a aceptarlas; de hecho, nos hemos dado cuenta que es en la diversidad donde está el verdadero poder para tener nuevas ideas. 

@marieeve.maille

Otro aspecto que podemos destacar del siglo XX, es que fue la época en la que la humanidad decidió que le daría a las mujeres la importancia que se merecen. En los siglos anteriores, ellas siempre habían sido consideradas un complemento de los hombres. Pero esto fue cambiando de a poco. Se considera a los 50s como la última década en la que se esperaba que las mujeres fueran solo compañeras domésticas y serviciales de los hombres. 

Por eso que una noticia como que una mujer optó por abandonar una carrera en marketing, así como una vida de elección y búsqueda personal, para dedicarse a cuidar el hogar, parece extrañísimo. Pero esa es la historia de Alena Kate Pettitt, del Reino Unido.

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Alena no era feliz con su vida. Puede que estuviera realizando el sueño por el que sus hermanas lucharon en las décadas anteriores, pero ella sentía que no era lo suyo. Un día decidió que había tenido suficiente. Si era necesario nada en contra de la corriente para sentirse feliz, eso sería exactamente lo que haría.

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Renunciando a su trabajo y a cualquiera otro, Alena decidió que los suyo eran las tareas hogareñas. Encerrándose a sí misma en el hogar, ahora se dedica a hacer limpieza, planchar la ropa y mantener el fuerte hasta que llegue su esposo. Ella misma dijo a la BBC que se sienta «más feliz que nunca pretendiendo que vivo en 1959».

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