Por Kat Gallardo
6 junio, 2018

Alexander McQueen era un genio de la moda, pero su vida tenía complejos pasajes.

Alexander McQueen es un personaje contemporáneo, cuya figura que revive los más temibles demonios de los incomprendidos artistas del pasado. ¿Qué tal si con cada talento viene una maldición? Seguramente has visto a grandes estrellas y figuras, como la propia Kate Middleton, vistiendo sus diseños en momentos completamente felices y de realización personal; pero muy pocos -hasta ahora- conocen el mito que se esconde tras la firma.

Su madre había muerto hace una semana y un día antes de su funeral, McQueen fue encontrado muerto en su departamento de Londres.

El nuevo documental sobre la vida del diseñador británico, simplemente llamado McQueen , tiene como objetivo mostrar el auge de su genio, basado en la rebelión, su teatralidad y la intensidad de sus emociones, expresado en su obra. Pero también, develar sus mas profundos miedos y demonios. Todo lo que atormentó al hombre que decidió quitarse la vida a los 40 años y en la cima del éxito.

McQueen no era el típico diseñador de moda. Si bien sus trabajos eran considerados de lujo, su ambición iba más allá de aparecer en Vogue o vestir a grandes personajes. Él quería provocar emociones. “No quiero hacer shows sintiéndome como el almuerzo del domingo”, dice en las imágenes del trailer. “Quiero que te sientas repelido o eufórico”.

En el documental , los miembros de la familia revelan cómo McQueen se vio sumido en un lugar aún más oscuro después de ser diagnosticado con VIH.

Los shows de McQueen, tanto a través de su marca personal o los años en que trabajó para Givenchy, estaban cargados de temas tabú, que servían como espejo de la sociedad actual. No sólo sus diseños iban  más allá de lo normalmente establecido o matemáticamente probable, sino que la atmósfera que lograba en ellos, podían hacer que algunas personas abandonaran la sala debido por incomodidad.

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Lo llamaron “el niño terrible” de la moda. Pero nadie más que él ha logrado traspasar el límite entre lo artístico, lo desagradable y la norma. McQueen fue el diseñador que lograba hacer los más increíbles y elegantes trajes, mientras el tema del desfile era una escena lúgubre inspirada en el escenario posterior a una violación.

“Arrebataría mis peores pesadillas y temores y los pondría en la pasarela. Es como exorcizar a mis fantasmas”, dice en el documental.

Como poseedor de un talento prodigio, McQueen abandonó la escuela y comenzó a entrenarse con sastres en Savile Row de Londres, antes de ser nombrado diseñador jefe del diseñador francés Givenchy con solo 27 años. En 2001 comenzó su propia firma, Alexander McQueen.

Pero con un éxito fenomenal a nivel profesional, vino la tragedia personal. Los cineastas Peter Ettedgui y Bonhôte pasaron más de un año hablando con más de 150 familiares, amigos y compañeros de trabajo. Examinaron varias horas de video y audio ocultos para revelar la verdad sobre los altibajos de la corta vida de McQueen.

Una investigación afirmó que McQueen había estado luchando contra la depresión y las presiones del trabajo. Una nota de suicidio garabateada en la parte posterior de un catálogo de arte simplemente decía: “Cuiden de mis perros. Lo siento, los quiero.”

En su testamento,dejó 50 mil libras a sus tres perros y otras 200 mil libras a organizaciones benéficas de animales. Su asistente, Sarah Burton, asumió el mando de la marca McQueen y en 2011 creó el impresionante vestido de novia de Kate Middleton.

Casi una década después de su muerte, el trabajo de McQueen continúa inspirando y las exhibiciones póstumas de sus diseños en Londres y Nueva York rompen récords de asistencia.

Pero ese éxito, contrastado con lo duro que estaba resultando lidiar con el día a día, fue más de lo que McQueen pudo soportar. Pero también, se convirtió en su prisión y en la nada que eso significaba cuando llegaba la hora de luchar consigo mismo. “Hay más en la vida que la moda, y no quiero estar atrapado en eso. Soy Alexander McQueen y no puedo dejar eso en la puerta al final del día. Tengo que irme a casa conmigo mismo “.

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