Por Antonio Rosselot
18 mayo, 2020

Ingeborg Van der Duin, profesora de una escuela en Haarlem (Países Bajos), adora compartir con sus pequeños estudiantes, así que esta pandemia le jugó una muy mala pasada. Sin embargo, logró sacarle provecho a las circunstancias y ahora sus alumnos pueden estar seguros de que la «profe» estará siempre para ellos.

Hasta ahora, cuando hablamos de clases escolares en línea y todo lo que eso implica, siempre las pensamos desde la perspectiva de los niños: ¿se irán a distraer con el computador al frente?, ¿logrará concentrarse en la clase?, ¿tendrán bien hechas sus tareas?

Sin embargo, nadie piensa en los profesores. Ellos, que lamentablemente están cargados con el estigma de ser la autoridad y de encargarse de que la cosa vaya funcionando, por lo tanto, tienen mucho más ojos sobre ellos y no siempre han sido consultados sobre cómo han estado trabajando desde sus casas.

Tomemos el caso de Ingeborg Meinster-Van der Duin, por ejemplo, profesora de la escuela Bavinck en Haarlem (Países Bajos), quien lleva una buen parte de su vida dedicada a los niños y que vio su trabajo muy comprometido cuando cerraron la escuela por la pandemia de COVID-19.

Stichting Salomo Scholer

La señorita Ingeborg vive por sus pequeños estudiantes, que la acompañan día a día en el aula y alegran su vida con sus travesuras. Por lo mismo, no aguantó más teniéndolos lejos y tejió 23 pequeños muñequitos personalizados de cada uno de sus estudiantes para que estén cerca de ella en estos días de encierro.

El nivel de detalle de cada uno de los muñequitos es muy impresionante: Ingeborg logró reconocer las vestimentas de sus alumnos y los dibujó con sus cardigans y suéteres respectivos, además de asegurarse de ponerle anteojos o pecas a quien las tuviera. Además, dedicó de 3 a 4 horas para cada muñeco.

Ingeborg Van der Duin

Una vez que acabó el trabajo, mostró los resultados a sus alumnos y los padres. El proyecto fue un éxito: sin poner ningún nombre cerca de los muñecos, los chicos pudieron reconocer fácilmente cuál era cada uno.

Pero les faltaba alguien muy importante en la colección: la señorita Ingeborg, que no había pensado en hacer un muñeco de sí misma, así que se puso manos a la obra y completó la colección con su propio modelo.

Ingeborg Van der Duin

Pronto, los estudiantes de los Países Bajos podrán volver a las escuelas a buscar sus pertenencias personales, por lo que Ingeborg tendrá una oportunidad de ver a sus alumnos y entregarles personalmente su muñequito a cada uno.

Cuenta que la idea fue tan popular en la escuela, que muchos profesores le pidieron que hiciese los muñecos de sus estudiantes, pero Ingeborg dice que «no hay tiempo para eso»: sólo para sus adorados estudiantes.

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