Por Antonio Rosselot
6 mayo, 2021

Kathrine Peereboom (Australia) comentó en redes que sus hijos —de entre 5 y 8 años de edad— ya se acostumbraron a no ser convidados a los eventos sociales y también a “las miradas crueles, los comentarios horribles y las risas”; para ella, lo peor es que los chicos aún son demasiado pequeños como para entender la negatividad que reciben diariamente.

Si bien hemos avanzado en temas de respeto y consideración por el otro en los últimos años, aún nos falta muchísimo camino por recorrer a la hora de aceptar las diferencias en cada uno de nosotros, seguramente la mayor de las lecciones que nos queda por aprender.

En muchos casos, la reacción de muchos ante aquellas personas que son diferentes es más bien de distancia, defensiva y de cierta manera preocupante. Te hacen tomar una actitud determinada y ese tipo de señales de rechazo, por pequeñas que sean, pueden causar una gran mella en el individuo que tienes al frente.

Sin embargo, cuando la víctima de esta discriminación es un niño, el caso toma un cariz mucho más complejo y una indignación más grande, ya que es la etapa de la vida en donde se están formando como personas y absorben todo lo que hay a su alrededor.

Dicho esto les presentamos a Kathrine Peereboom (Australia), madre de Oliver, Joshua y Tyler, de entre 5 y 8 años de edad. Los tres chicos están en el espectro autista y, con mucha pena y rabia justificada, Kathrine comentó que ya se acostumbraron a ser excluidos de muchos eventos sociales, como celebraciones de cumpleaños por ejemplo; por otra parte, cuando ellos invitan a sus amigos a sus propias fiestas, nadie llega a verlos.

Pero la discriminación no sólo se ajusta a sus pares, sino que también la ejercen adultos. La mujer contó de una ocasión en que llevó a sus hijos a la peluquería —una experiencia muy desafiante para los niños autistas— y escuchó a un hombre y su pareja quejándose por tener que “soportar” el ruido de uno de los pequeños durante toda su estadía.

Kathrine se desahogó honestamente diciendo que “la discriminación está en todas partes” para sus hijos, ya sea en la escuela, actividades deportivas, fiestas, “las miradas crueles, los comentarios horribles y las risas”. Dice que ver a sus hijos pasar por esa fase le destruye el alma, sobre todo por el trato que le dan las personas que no entienden su condición.

De todas maneras, dice que lo que más le afecta es que sus hijos aún son muy pequeños y todavía no son capaces de darse cuenta completamente que la gente está siendo cruel con ellos. Además, dice esperar que cuando sean más maduros y tengan una mejor comprensión, puedan saber desviar toda la negatividad que reciben.

Sin duda, la situación de los hijos de esta mujer parte el alma. Son todavía muy pequeños y, como decía ella, aún no están en edad para entender la raíz del problema que los afecta indirectamente.

Un mensaje para todos nosotros: aprendamos y dispongámonos a conocer a las otras personas. ¡Podemos encontrarnos con varias sorpresas!

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