Por Lucas Rodríguez
2 diciembre, 2020

La pequeña Vivian gustaba jugando con los soldaditos de su hermano mayor, cuando se dio cuenta que eran todos hombres. Escribiéndole a una compañía, consiguió lo que buscaba: unas valientes “soldaditas” de plástico.

Cuando en un par de décadas más, los jóvenes de ese momento miren hacia atrás, específicamente hacia el momento que estamos viviendo actualmente, puede que encuentren muchas cosas reprobables. Es inevitable: el presente siempre va a tener la ventaja de la perspectiva desde la que juzgar al pasado. Pero algunas cosas puede que sean vistas como muy importantes, clave incluso, para lograr varias de las cosas que en ese momento ya se darán por hecho. Uno de ellas, sin dudas que serán los esfuerzos muy importantes que se ha estado haciendo por derribar las barreras arbitrarias que existen entre lo que debe ser un niño y qué debe hacer una niña. 

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Vivian Lord, de Little Rock, Arkansas, es un buen ejemplo de estos cambios. La pequeña de siete años hizo noticia hace un año atrás, por mandar una carta a un manufacturador de juguetes de plástico, con una petición muy particular.

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Vivian era una fanática de compartir con su hermano, especialmente cuando se trataba de sacar los soldaditos de juguetes. Ella adoraba jugar a los combates y simular los actos de heroísmo de los soldados de su hermano. Fue en una de estas tardes que Vivian cayó en la cuenta de una cosa: ¿por qué es que todos los soldaditos eran hombres?

“Me di cuenta que no había ninguna soldadita. Simplemente no las hacen. Así que les escribí una carta para pedirles que me hicieran algunas.”

–Vivian Lord, para CBS News

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Resultó que un hombre, Jeff Imel, de Pennsylvania (si no tienes un mapa a mano, te decimos que son estados que no están precisamente cerca), recibió su carta y acogió su duda. Sin pensárselo mucho, decidió fabricar una orden de soldados mujeres y enviárselo a la niña.

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Cuando le llegaron, Vivian no lo podía creer. Ahora podría jugar a su juego favorito, sintiéndose totalmente transportada a ese campo de batalla. Lo mejor es que sus soldadas no eran solo enfermeras o encargadas de las camillas. Cumplían las mismas funciones que sus contrapartes masculinas: no se quedaban atrás en lo más mínimo, al igual que Vivian cuando jugaba junto a su hermano mayor. 

Para muchos la historia de Vivian es un ejemplo de que las niñas pueden ser y jugar con lo de que les dé la gana, sin que por ello dejen de ser quienes son. Puede que les gusten los juguetes de niños, pero por sus propias razones de niñas. Esta pequeña inspirará a muchas otras de hoy y mañana. 

 

 

 

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