Por Lucas Rodríguez
24 febrero, 2021

Gabriel César y su hijo, Farid, comparten la poliosis, una característica física que hace que su cabello exhiba esos llamativos rayos blancos. El pequeño solía sentirse distinto, pero hoy lo valora como su característica distintiva.

Todas las personas tenemos una o más características físicas que nos separan del resto de las personas. Es la combinación de estas las que dan origen a nuestros rostros y cuerpos. Dicho eso, la mayoría de nosotros quedamos dentro de una variedad frecuente de rasgos y formas. Algunos son más altos, tienen nariz ganchudas o unos dedos largos como de concertista.

@gcbmago

Pero también hay algunas personas que exhiben características que solo un porcentaje muy bajo de la población comparten. Entre ellas podemos mencionar la Heterocromía del iris, una condición que causa que los ojos sean de distintos colores, como los de un husky siberiano. Otra similar es la Poliosis, una condición que causa que ciertos sectores del cabello pierdan su coloración.

Quizás has visto a una de estas personas. Llevan cabellos negros, surcados por un rayo más claro.

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El pequeño Farid, de diez años, nació con esta característica. Cuando se preguntó por qué era así, su padre, el coreógrafo argentino Gabriel César Bufe le explicó que era una característica de su familia: seis generaciones hacia atrás la habían tenido. 

Aun así, Farid no lograba hacerse a la idea. Era algo que lo hacía destacar demasiado entre los demás chicos.

@gcbmago

Para hacerlo sentir mejor, su padre le compartió la experiencia que él mismo tuvo en su infancia, con el llamativo mechón:

“A mí no me importaba tener el mechón, porque en mi familia todo el mundo lo tenía. Pero los demás niños solían decir que era una mofeta y se reían de mí. Ahora la gente se muestra más amable, y aunque se nos solían quedar mirando, le decía que teníamos un don, o que yo era uno de los X-Men.”

–Gabriel César Bufe para Metro

20th Century Studios

Hacer la referencia a los personajes de las películas, series y cómics fue lo que terminó por hacer entender a Farid, de que lo suyo no era nada de lo que avergonzare. Todo lo contrario, era una hermosa característica que no solo lo hacía destacar entre sus pares, sino que también, poder ver en un espejo la característica que lo marcaba como parte de su querida familia:

“Ver que mi hijo había nacido con poliosis fue una experiencia muy emotiva”, confiesa el argentino, “El hueco blanco cubría como un quinto de su cabeza. Toda la familia había hecho apuestas sobre si el bebé tendría o no el mechón blanco. Cuando lo vi, me sentí muy orgulloso; es mi segundo hijo, el primero no lo tiene.”

–Gabriel César Bufe para Metro

Una emocionante historia, que nos enseña que las diferencia físicas no tienen cómo compartir contra el amor de una familia. 

 

 

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