Por Lucas Rodríguez
3 agosto, 2020

El “Dunking Buddy” es muy simple de usar: pones la galleta en él y lo vas girando. No importa qué tan poca leche te quede, podrás untar esas Oreos.

Pasar de la infancia a la adultez no tiene por qué significar necesariamente que dejemos de lado las cosas que nos gustaban. Es cierto que ya no podemos pasar las tardes corriendo por el jardín en compañía del perro de lunes a domingo, como lo hacíamos antes. Pero tampoco debemos abandonar las cosas pequeñas que tanto disfrutábamos en esos años tan bellos y vulnerables. Hay maneras de hacerlos convivir con los gustos y responsabilidades de ser mayor de edad. 

Dunking Buddy

Una de las que más disfrutábamos en esos años de niñez, sin dudas que era el momento cuando dábamos por terminado el día de juegos y volvíamos a casa. Fuera la tuya o la de un amigo, esa era la instancia en que la madre respectiva sacaba la lecha y las galletas. Era un simple ritual: sentarse, ir sacándolas una a una y untarlas en la leche.

Dunking Buddy

No costaba nada hacerlo, pero el disfrute era infinito. Incluso la leche quedaba con un mejor sabor: los pedacitos de galleta y crema de vainilla que se desprendían hacían lo que ningún chocolate, Nesquik o lo que fuera nunca fue capaz de cumplir.

Dunking Buddy

Pero tenemos que ser honestos. Hay un aspecto de esto que nunca tomamos en cuenta: todo lo que derramábamos de leche sobre la mesa. Las madres de nuestros amigos debían tener claro que apenas termináramos, era hora de sacar el paño absorbente y hacerse cargo de esos lagos color blanco. 

Dunking Buddy

En esos años, cosas así eran fácilmente ignorables. Pero hoy en día, que dejar una mancha puede molestar al resto de nuestros convivientes, debemos hacernos cargo de esas manchas. En lo posible, evitarlas. Aquí es cuando entra en juego el “Dunking Buddy“. 

Dunking Buddy

En materiales, no es demasiado complejo. Se trata de una herramienta plástica, que va agarrada al borde del vaso. Su gracia es que situando una galleta en su interior, podremos ir bajándola de manera cuidadosa y calculada. No solo nunca entraremos en contacto con la leche, sino que además, nunca más deberemos ladear el vaso para acceder ese último tercio, tan sabroso pero tan fácil de derramar. 

Dunking Buddy

No importa el tipo de galleta que prefieras: todas caben en el Dunking Buddy. Y si incluso tuviera una de forma extraña o demasiado grande, simplemente rómpela en pedazos y ajústala. Veras cómo traer la infancia al presente no es nada difícil. 

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