“La gente me juzga, pero si fuera un hombre, a nadie le importaría”, dijo María Housden, de 59 años, quien renunció hace años a la custodia de sus cuatro hijos. Solo recibía visitas de ellos los fines de semana y pagaba su pensión.

Renunciar a la custodia de los hijos sería impensable para la mayoría de las mujeres, pues hay imposiciones de la sociedad en la que las madres son las que se quedan con los hijos y los padres son los que los visitan. Sin embargo, María Housden se impuso como una mujer que renunció a la custodia.

Esta mujer de 59 años ahora, soñó con ser madre toda la vida, pero la realidad distaba mucho de lo que había imaginado. 

María Housden

Madre de cuatro hijos, la vida y matrimonio de María se derrumbaron a su alrededor, dejándola cuestionar toda su existencia y tomar una decisión que nunca había considerado dentro de sus posibilidades.

“Desde que era una niña, lo primero y más importante que quería hacer era convertirme en madre”, cuenta María.

“Me ha encantado ser madre toda mi vida y ahora soy abuela, lo que me ha hecho aún más rica. Es lo mejor que he hecho y me he sentido así todo el tiempo. Es una de las razones por las que creo que mi historia es tan interesante para la gente porque hay diferentes formas de vivir nuestros sueños”, comienza.

Antes de renunciar a la custodia de sus hijos, la vida de María había sido la típica de muchas mujeres. Fue ama de casa tras la llegada de su primer hijo, pero su familia se derrumbó con una tragedia: su hija de tres años fue diagnosticada con cáncer de riñón, y un año después, el matrimonio perdió a la pequeña. 

“La muerte de nuestra hija Hannah fue un momento crucial para mí. Siempre había creído que si eras una buena persona, no te pasarían cosas malas, pero cuando murió Hannah me obligué a hacer preguntas que nunca antes había considerado sobre el rumbo de mi vida”, cuenta María.

“Al principio, el duelo era un proceso que lo consumía todo, pero eventualmente me envió a una dirección más realista en mi propia vida”, agregó sobre la decisión que pronto se enfrentaría en su vida.

María Housden

La custodia de sus hijos

Si bien la enfermedad de su hija unió al matrimonio, la muerte finalmente pasó factura y María se divorció de su esposo.

Mientras la pareja se preparaba para separarse, se enfrentaron al inevitable dilema de cómo lidiar con la custodia de sus hijos. En ese momento, María admite que tenía serias preocupaciones sobre cómo podría mantener a sus tres hijos restantes, Will, Margaret y Madeleine.

“Había sido ama de casa durante 11 años. No tenía idea de cómo iba a mantenerme y mucho menos a mis hijos como madre soltera. En realidad, fue mi esposo quien sugirió el arreglo que terminamos haciendo, él tenía un trabajo e ingresos estables y sugirió que él sería el padre que tomaría la custodia principal”.

Si bien, al principio la idea le pareció horrorosa, pensando “que le quitarían a sus hijos”, finalmente terminó por aceptarlo.

María Housden

“Hice lo que se espera que haga todo padre divorciado y que no lo acusen de abandonar a sus hijos”reafirmó sobre su decisión de ceder la custodia al padre.

“Cuando nos divorciamos, mi hijo tenía 11 años y  en ese momento era lo suficientemente mayor como para ser parte de la decisión y decidió quedarse con su padre por todo tipo de buenas razones”, dice María.

“La parte más dolorosa de la experiencia para nuestros hijos fue la reacción de otros padres que estaban juzgando la situación desde su punto de vista”.

Si bien María esperaba cierta desaprobación, de ninguna manera esperaba la cantidad de reacciones violentas a las que fue sometida: “Nunca esperé que todos estuvieran de acuerdo con la decisión, pero no esperaba la reacción extrema. Hice lo que se espera que haga todo padre divorciado y que no lo acusen de abandonar a sus hijos”. 

“Si mi nombre fuera Mark en lugar de María, entonces no estaríamos teniendo esta conversación”, afirma.

La pareja llegó a un acuerdo por el cual María recibía visitas cada dos fines de semana y luego los niños se quedarían con ella durante todo el verano, lo que le permitiría concentrarse en su carrera como autora.

Pero si bien su decisión de renunciar a la custodia de sus hijos ciertamente le permitió más libertad, admite que no fue fácil. “No es una decisión que recomendaría”, dice, “fue más doloroso de lo que originalmente me había preparado”. 

“No tengo ninguna duda de que esta fue la mejor decisión para nosotros y nuestra familia. Pero no necesariamente para todos”.

24 años han pasado y María mantiene una excelente relación con sus hijos, incluso ha gozado con la dicha de convertirse de abuela.

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