Por Pamela Silva
27 febrero, 2019

Como diría mi abuelita: Ya no saben qué inventar. Un detallito, cuestan 130 dólares 😐

Soy latina, soy chilena conclusión amo el aguacate (o palta, como le decimos en mi país). Cuando digo que puedo comer aguacate todos los días y con lo que sea, no es una exageración, es simplemente una verdad absoluta que nadie puede negar (porque aún cuando está carísimo, uno se las arregla para comerlo en la mayor cantidad posible).

Por ende, comprenderán que también amo desayunar tostadas con aguacate. Es la única forma de empezar el día de buena manera, que subir los ánimos y echarle buena vibra al día.

Pero todo esto no significa que le encuentre sentido a unas zapatillas de 130 dólares que están inspiradas en tostadas con aguacates.

Instagram Saucony

Primero, porque no entiendo muy bien la inspiración para ser honesta. Mire por donde se le mire las zapatillas parecen simplemente tener un borde café y arriba un estampado verde con manchas.

No es que las mire y diga, anda hombre, zapatillas de tostadas de aguacate ¡Qué original y genial, las necesito!

Segundo, ¿por qué pagaría 130 dólares por ponerme en los pies algo que me gusta desayunar a diario? No quiero ver mis tostadas con aguacate en el piso, quiero verlas en mi plato.

Saucony

Y no amigos, no es un prototipo o algún tipo de broma, son zapatillas reales de Saucony que se llaman “Shadow 6000 Avocado Toast” y que ya están a la venta en su página web.

Obviamente, ellos parecen muy orgullosos de su original invento.

“Santo Saucamole! Celebre su salud con la delicadeza del exclusivo «Avocado Toast” Shadow 6000. Con cuero tostado, gamuza rota con textura de aguacate, forro de cuello de hojuelas de pimiento rojo y el «Saucamole» gritando en el talón. Es todo lo que quieren, incluso si la guacamaya es extra”.

-Saucony.

Saucony

No sé si es porque me estoy poniendo vieja y cada vez más quisquillosa, pero cuando salen a la venta cosas de este estilo -o las zapatillas sucias, perdón, vintage, que vendían como a 600 dólares- siempre pienso en mi abuela.

En mi abuela diciendo: «Ya no saben qué inventar», porque efectivamente, pareciera que ya no saben qué hacer para vender y se les ocurre cada cosa.

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