Por Lucas Rodríguez
4 diciembre, 2020

Julio César, de Brasil, pasó una parte importante de su vida entrando y saliendo de prisión. Al aprender el oficio de barbero, descubrió la manera de dejar atrás su pasado oscuro.

Uno de los principales argumentos que hacen las personas que se apiadan por quienes caen en el crimen, es que en muchísimos casos no es tanto una decisión de voluntad, como una falta de oportunidades. Los países con demasiada desigualdad, un mal muy común en Latinoamérica, están repletas de historias de jóvenes nacidos en sectores de escasos recursos. Incapaces de encontrar un trabajo decente, presionados por las dudas y la necesidad de cambiar de vida, terminan por aceptar ofertas del crimen organizado, cuando no comienzan a delinquir por sí mismos. 

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Es una triste realidad, pero sí las opciones son pasar hambre o cometer un crimen, muchos no tienen la posibilidad de elegir.

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Así fue la historia de Julio César, un joven de Minas Gerais, Brasil. Por diversas razones, todas conectadas a las actividades ilegales, Julio entró y salió de presión durante 17 largos años. Cada vez que era castigado, volvía a repetir sus errores. Sus oportunidades no parecían darle otra opción. 

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Fue en una de estas estadías en prisión, que Julio tomó un curso de rehabilitación, que ofrecía enseñarla las habilidades de barbero.

No solo encontró en ello algo que le podría dar las capacidades para cambiar de vida, sino que también encontró una actividad que le apasionaba. Hacerse cargo de los cortes de cabello de los demás le resultaba calmante. Mejor aun, lo hacía sentir valorado como parte de una comunidad. 

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Una vez fuera de la cárcel, Julio estaba decidido a dedicarse a su nuevo oficio. El problema era que no tenía el equipo necesario, así como tampoco los recursos necesarios para procurárselo:

“Hasta que pude regularizar mi situación, tenía que producir. Luego comencé con esta nueva profesión de barbería y me encantó. Creo que fue esto [ser barbero] lo que siempre tuve que haber hecho.”

–Julio César para VIR7Z

Fue ahí donde intervino Yuri Perez, un barbero veterano que conocía a Julio. Confiando en él, le donó parte de su equipo antiguo. Con ello, el joven pudo establecer su barbería bajo un paso sobrenivel. Su primer cliente fue el mismo Yuri, quien quedó tan satisfecho con el trabajo de Julio, que lo nombró su barbero oficial. 

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De a poco Julio ha ido mejorando su situación, como recordó Yuri:

“Recuerdo cuando empezó. Era solo un poste de luz con un espejo y una silla de plástico. Disfruto mucho viendo crecer a la gente y Júlio César solo está creciendo. Su corte de pelo está aprobado.”

–Yuri Perez para VIR7Z

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Julio encontró un nuevo comienzo, lo que nos confirma que nunca es tarde para encontrar nuestro llamado en la vida. 

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