Por Luis Lizama
22 agosto, 2019

Son muy trabajólicas, pero no pueden tomar las mangueras. De todas maneras, son bastante efectivas.

Cada verano Europa sufre con las altas temperaturas y los incendios forestales. Portugal ha sido el país más afectado en los últimos años, incluso más que España, Grecia o Italia. Las técnicas para combatir el fuego se han modernizado, eso creo. Ahora se usan cabras.

Son los nuevos bomberos de Portugal, pero no saben manejar mangueras. Las cabras ayudan a prevenir la propagación del fuego, mientras se alimentan del exceso de vegetación.

The New York Times

Las autoridades de aquel país han implementado este plan piloto, que sirve para prevenir el esparcimiento del fuego y además darle alimento a los chivos de las zonas cercanas.

Tras probar con herramientas tecnológicas como drones y satélites, entendieron que la solución podía estar mucho más cerca, en los pastores. 

The New York Times

Uno de los problemas que afecta a Portugal es el desplome demográfico. La gente abandona los campos interiores para ir a las ciudades o las costas. Generalmente los terrenos quedan plagados de maleza, sin cuidado ni precaución, el panorama perfecto para los incendios.

The New York Times

Muchos de esos terrenos están en laderas, sectores donde no llega el ser humano. Es imposible pasar un tractor, muy arriesgado y costoso para contratar personal que lo haga directamente, así entonces surgió la idea de los chivos. Además, no cobran mucho sueldo.

Pixabay

A pesar de ser una gran idea y muy efectiva, también surgen otros inconvenientes. Cada vez hay menos pastores, menos personas dedicados a la crianza de animales y, por ende, menos cabras.

Sin embargo, las cuentas son positivas, sobre todo para las autoridades.

“Creo que por fin entendimos que no podemos solamente combatir los incendios, sino que debemos prevenirlos trabajando arduamente en los bosques antes de que llegue el calor del verano”

Dijo Paulo Dias, ingeniero forestal y monitor del proyecto, a The New York Times

Buena iniciativa, que también servirá para mantener a los pocos pastores que van quedando. Las más felices, obvio, son las cabras, que aprovechan un rato libre y salen a comer afuera. Encima, gratis. 

 

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