Por Ghalia Naim
8 noviembre, 2016

10. No le temas al pasado.

A medida que nos va llegando la adultez nos volvemos más seguros, independientes y despreocupados por los temas banales, sin embargo, también hay rasgos de nuestro carácter y personalidad que se transforman en actitudes rígidas. Caemos en una especie de dramatismo realista que podría terminar por volvernos seres muy negativos, tal como los adultos que solíamos criticar cuando éramos niños o a los que juramos nunca parecernos, ¿cómo evitarlo? Madurar es ser más sabio, no necesariamente mejor o saber más. Estos son algunos rasgos negativos que tenemos a medida que sumamos años:

1. Olvida la necesidad de tener siempre la razón

Con los años te has vuelto más culto y confías en tu instinto, pero no tienes la razón en todas las cosas que haces o dices. Recuerda que todos tenemos experiencias distintas y entender eso es parte de la sabiduría.


2. El control

Si estamos seguros de lo que hemos construido, por supuesto que querremos controlar todos los aspectos de una situación para que salga lo mejor posible pero como la experiencia lo ha demostrado, nada está sujeto a nuestros deseos. Puedes esforzarte por algo, pero jamás podrás controlar su resultado final. Si diste todo de tu parte y no resultó, déjalo ir.


3. Lo que no puedes

Cuando somos más chicos no sabemos el significado de la palabra prejuicio, pero cuando crecemos la vivimos cada día. Mientras más adulto se es más prejuiciosos nos ponemos, incluso con nosotros mismos. Está bien ser correcto y cumplidor de la moral y la ética, pero no es necesario exigirse tanto y pensar todo el tiempo en «lo que se puede o no respecto a esta u otra cosa». Sácate las cadenas de la experiencia un rato.


4. La culpa

La culpa se vuelve más pesada con el pasar del tiempo, y es que un error a los 15 no tiene el mismo peso que a los 30. Quizá con los años nos volvemos más democráticos y menos pasionales por eso tenemos menos problemas, pero eso no quiere decir que jamás dañaremos a alguien. Ante la culpa no hay nada que hacer más que pedir perdón y entender que no podemos arreglarlo todo.


5. Criticar

A veces criticamos por criticar, es como si siempre pensáramos que hacemos las cosas mejor que el otro. Las criticas son positivas para conocer el otro lado de la moneda o lo que se pudo mejorar, pero asegúrate de hacerlo con base, a modo de enseñar y no de «criticar por criticar».


6. Quejarse

Si sientes que algo podría estar mejor o te molesta, cuenta hasta diez primero y piensa si realmente es necesaria la queja o solo es un berrinche. Seguramente, nos hemos vuelto más rígidos que antes y no toleramos las cosas mal hechas o que jueguen con nosotros, pero siempre hay un modo adecuado de reaccionar.


7. Resistencia al cambio

Esto es típico, cuando somos más jóvenes el cambio es diario pero al llegar la rutina de la «adultez independiente» nos acomodamos y acostumbramos al ritmo. Por un lado, mantenerse es positivo para lograr el equilibrio en la vida, pero el cambio es la única forma de renovar ese equilibrio y seguridad. No tengas miedo de valerte por ti mismo todos los días y enfrentar retos.


8. Impresionar

A todos nos gusta presumir lo que hemos logrado con esfuerzo y dedicación, pero independientemente de si te volviste la persona más exitosa del mundo, lo importante es que te impresiones a ti mismo y sientas gusto por lo que has logrado.


9. Etiquetas

Etiquetar a las personas es pasarse de listo. Por supuesto que esta bien que apliquemos nuestra experiencia en el presente, pero las grandes excepciones existen y es sabio dar espacio para que aparezcan.


10. El pasado

Como suelen decir los abuelitos «pasado es pasado», así que debes dejarlo ir. Recuerda todo con cariño y sino con resignación. Que no te pese lo que hiciste, que pese el ahora y el mañana.

¿Qué dices?, ¿también te está pasando esto?

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