Por Carolina Mila
11 febrero, 2015

1. Dormir solo una pocas horas en la noche

Hay tanto que queremos lograr en esta vida, de solo pensarlo sufrimos ataques de pánico. Cada vez que volvemos a casa para las vacaciones, dormimos la mayor parte del tiempo y nuestros padres nos dicen por centésima vez que necesitamos dormir más.

Sin embargo, nunca lo hacemos. Todos los días nos despertamos después de cuatro o cinco, si tenemos suerte, horas de sueño y maldecimos al estúpido y alegre sol.

Estamos muy conscientes de que no le estamos haciendo un favor a nuestros cuerpos, pero al mismo tiempo, las noches que nos quedamos despiertos trabajando en nuestra brillante idea hasta las 3 am, fueron de las noches más productivas hasta ese momento.

Las noches que nos quedamos fuera hasta las 4:30 am bebiendo whisky y explorando la ciudad con nuestros amigos igual de imprudentes que nosotros, son memorias que nunca olvidaremos.

No dormimos lo suficiente, pero las horas que permanecemos despiertos en lugar de dormidos, son horas que no cambiaríamos por nada en el mundo.


2. Mantener una relación a larga distancia

Básicamente es un hecho que la distancia apesta.

Si alguna vez tenemos la opción, elegimos no tener que hacer cosas a distancia, con nuestros amigos o con nuestra pareja. Sin embargo, a veces, no hay opción.

Cuando elegimos mantener una relación a larga distancia, no existen garantías de que durará; en la mayoría de los casos, no funciona. En la mayoría de los casos, todo termina en lágrimas y con el corazón roto de la peor manera posible. Sin embargo, a pesar de todo, mantener una relación de lejos nos enseña a tener paciencia y, obviamente, a como pelear.

La persona que estuvimos dispuestas a esperar, aunque él o ella vivía a kilómetros de distancia, claramente valía la pena. Fue muy difícil, nos dolió mucho y probablemente terminó, pero si tuviéramos que volver atrás y hacerlo nuevamente, lo haríamos.

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3. Comer grandes cantidades de comida a las 4 de la mañana

A los veintitantos, se comienzan a ver los efectos de ya no ser un adolescente con un gran metabolismo. Las cosas que comemos no se evaporan simplemente de nuestros cuerpos.

Se aferran a nosotros, a nuestros muslos y a nuestra barriga y a otros lugares que ni si quiera sabíamos que era posible que podían subir de peso.

Volvemos a nuestra casa después del trabajo o de una fiesta, y por muy tarde que sea, ponemos una pizza congelada en el horno y, ups, nos la comemos completa. Bien, puede que no haya sido la decisión más inteligente, y sí, la balanza va a reflejar esa decisión al día siguiente, pero aun así lo hacemos.

En ese momento, la pizza o la tostada con queso o la bolsa de chocolate, nos brindó un instante de alivio después de un largo día y es muy difícil arrepentirse de algo que nos hizo sentir mejor.


4. Despilfarrar todo tu dinero en algo descabellado

Seamos realistas, tener 20 y tantos usualmente significa estar en bancarrota permanente. Vivimos en ciudades demasiado costosas y trabajamos en cosas que no pagan lo suficiente. No podemos darnos ningún lujo.

Ocasionalmente, tendremos de alguna manera un poco de dinero y sentiremos que lo hemos logrado, incluso cuando se trata solo de doscientos dólares.

Nos prometemos utilizar ese dinero de manera inteligente, guardarlo en la cuenta de ahorros y dejarlo ahí; pero luego surge la necesidad de visitar a nuestro mejor amigo en otra ciudad o nuestra madre desea desesperadamente ese collar que vimos en la feria de artesanía como regalo de navidad.

Sin más, desaparece nuevamente. Luego nos reprochamos por estar quebrados otra vez, pero no nos arrepentimos de haber gastado ese dinero. Podemos desear tener más dinero, pero aun así nos alegramos de que al menos lo gastamos en algo que nos importaba.

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5. Quedarse despierto hasta las 3 am la noche antes de un vuelo/examen/entrevista/algo importante

¿Han notado que cuanta más presión tienes para dormirte temprano, es menos probable que suceda realmente?

Cada vez que sabes que tienes algo importante al otro día, te dices miles de horas distintas para irte a la cama que se continúan retrasando.

De pronto, ir a tomar un trago con tu amiga o ver “Una película extremadamente boba” se transforma en algo sumamente importante.

A la mañana siguiente amaneces cansado y no muy enfocada, pero te das cuenta de lo que es verdaderamente importante para ti.


6. Llamar al trabajo para no ir sin razón alguna

A los veintitantos somos jóvenes y aún estamos aprendiendo a ser responsables. La mayor parte del tiempo realizamos un buen trabajo, pero algunas veces, simplemente no tenemos ganas de hacerlo.

Incluso si te sientes bien y no tendrías ninguna dificultad para trabajar, incluso cuando sabes que alguien te está esperando, hay algunos días que preferirías quedarte en cama, salir al parque o ver una maratón de alguna serie.

En el momento que decides no ir a trabajar, puedes pensar que estás siendo irresponsable, pero si lo piensas bien, te das cuenta de que probablemente necesitabas un día de salud mental.

Lo hacemos lo mejor posible, pero no podemos estar encima todos los días. A veces, todo lo que necesitamos es un momento para respirar.

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7. Perderse

A los veintitantos es probable que hayamos tenido que ir a alguna entrevista de trabajo en una ciudad nueva. Creías saber hacia dónde ibas, pero la verdad es que no lo sabías.

Llegar retrasado apesta, y no saber dónde te encuentras te hace sentir como si estuvieras perdiendo el control. Aunque, realmente, perderse no es tan terrible. Nadie sabe dónde estás, ni siquiera tú, y no tienes idea de lo que podrías descubrir.

Estamos tan ocupados, ¿cuándo tienes tiempo para explorar? Perdernos nos permite eso. Seré honesta: a veces, me gusta perderme a propósito.


8. Hacerse amigo de alguien que a nadie le gusta

Muchos de nosotros tenemos ese amigo de personalidad fuerte que a los demás no les gusta. Tratamos de vendérselo a nuestros amigos, pero muchas veces sin éxito.

Terminamos teniendo que hacer malabares para salir con él o ella y el resto, ya que las personas se enfadan si incluimos a este amigo dentro de los planes grupales. Ser amigo de esta persona puede ser un desafío, pero al final, eres amigo suyo por alguna razón.

La fuerte personalidad de él o ella significa que esta persona tiene opiniones fuertes acerca las cosas en las cuales cree, por lo que hablar con él o ella siempre será fascinante. Esta persona es un amigo increíble, incluso si los demás aún no lo notan.

A lo largo del camino te das cuenta que no dejarías su amistad por nada del mundo.

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9. Beber demasiado alcohol en una noche

Todos lo hemos hecho. Nos declaramos de antemano: “Esta noche no beberé mucho”, y luego, lo hacemos. Demasiado alcohol.

Le mandamos un mensaje de texto a esa persona que nuestros amigos prometieron no dejarnos escribirle, pero claro, ellos también se emborracharon. Nos hacemos amigos de desconocidos; perdemos algunos artículos de nuestra vestimenta a lo largo de la noche; y en el recuerdo serán buenas historias.

De lo único que nos arrepentimos, es de la resaca que tenemos a la mañana siguiente.


10. Enamorarse de alguien que sabemos que no funcionará

Uno de nuestros defectos más grandes y una de nuestras mayores riquezas a los 20 años es que amamos apasionadamente. Tenemos mucho amor para dar y no hay suficientes lugares para entregarlo. Algunas veces nos enamoramos y todo resulta de maravillas. Y otras veces, no.

Algunas veces nos enamoramos y la otra persona no nos corresponde. Experimentamos lo que es tener el corazón roto y es diferente a cualquier cosa que hayamos sentido antes en nuestras vidas. A pesar de todo el dolor y las incontables horas pasadas deseando que las cosas fuesen distintas, hemos amado, y eso es mucho más de lo que algunas personas pueden decir.

Hemos tenido amor; no funcionó y, como la tantas cosas que vivimos a los veinte que fueron raras, igual no lo cambiaríamos por nada.

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imágenes de Weheartit

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