Por Nicole Lavanchy
20 febrero, 2015

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1. Les vuelve locos cuando las personas asumen algo más sobre las alergias alimentarias que no sea lo siguiente

Una alergia alimentaria es una condición que pone en peligro a sus hijos. Que causa que dejen de respirar, inmediatamente. Es algo my real… y da mucho miedo.


2. Quieren que sepas que esta no es una decisión de estilo de vida

Si bien es admirable que algunas personas decidan comer saludable y tener conciencia de los ingredientes que hay en sus comidas, ellos no se paran en el pasillo del supermercado leyendo la etiqueta de todo lo que compran como hobby. Están estudiando los ingredientes para asegurarse que no hay un ingrediente oculto que pueda matar a sus hijos. (¿Sabían que el colorante del caramelo puede contener lácteos? ¿Conoces la diferencia entre el lactato sódico y el lactato de potasio?)

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3. No hay una cita de juegos o actividad escolar a la que su hijo pueda asistir sin haberlo discutido antes con el padre anfitrión o con el profesor del evento

Cada evento en el participan sus hijos, siempre ha habido primero una conversación médica con los encargados. Se sabe que el mundo los percibe como padres que necesitan demasiado cuidado. Y se sienten muy mal por ello ya que el nivel de diligencia que están obligados a tener sobre el tema de las alergias alimentarias no es consistente con el nivel de diligencia que sus personalidades – en una situación normal – reflejarían.


4. Han estado despiertos muchas noches preguntándose si serán capaces de ver las señales de que la garganta de su hijo se está cerrando

Les han dicho que la anafilaxia puede ocurrir en menos de dos minutos, por lo que no solo se preguntan si podrán identificar esta emergencia, sino que se preguntan si el profesor, la niñera, el abuelo, el supervisor de los recreos, el amigo o instructor sabrán reconocer que su hijo no puede respirar.

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5. Han estados despiertos muchas noches preguntándose si su hijo podrá alguna vez asistir a una fiesta universitaria o besar a alguien sin conocer bien a esa persona

Y si lo hace, ¿quién será la persona que lleve el medicamento que debe inyectarse?


6. No salen de la casa sin antes recordar lo básico: el teléfono, billetera, llaves, y el medicamento

Saben que no pueden dejarlo en el auto si hace mucho calor o mucho frío y siempre llevamos al menos dos, si es que no siete. Incluso con el seguro, cada inyección cuesta 25 dólares, por lo cual las tratan con el mayor respeto durante todo el año antes que expiren. Pero todo eso está bien, porque esos pequeños aparatos que contienen un golpe de adrenalina podrían salvar a su hijo, o al menos mantenerlos con vida hasta que llegue la ambulancia.

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7. Se sientan afuera de todos los cumpleaños o prácticas deportivas mientras todos los otros padres se van


8. Viven con el impacto emocional de ser padres helicópteros

Estando atentos y disponibles ante cualquier amenaza médica de que a su hijo le de una anafilaxia cuando no están cerca. Se sienten culpables y asustados.


9. Nunca se han relajado al sentarse en un restaurante a probar comidas

Pasan esas comidas repasando mentalmente su plan de emergencias mientras observan silenciosamente la respiración de su hijo mientras el disfruta de su comida.

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10. Asisten regularmente a citas médicas en hospitales de niños en los cuales no pueden evitar ver a otros pacientes y a sus familias que sufren

Al ver esto, no pueden evitar sentirse agradecidos de ser padres de un hijo que solo tiene alergias alimentarias. Si bien su hijo tiene una condición que amenaza su vida, es algo que puede ser controlado.

Visto en Scary Mommy & Imágenes de We Heart It

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