Por Candela Duato
12 octubre, 2014

Hace años atrás, cuando mis niños no eran nada más que una chispa en mis ojos, tuve una visión de cómo sería ser padres. En mi visión habían fiestas de té, y tutúes. Habían horas en silencio, leyendo juntas en el sillón. Habían princesas de Disney, y Dora la Exploradora. Habían vestiditos rayados, y medias con puntos. Habían trencitas y colas. Había compras y risitas. Había paz, y amor, y gozo, y…y…paz.

Luego, tuve hombres.

Parece duro decir que mi visión de la maternidad se fue directo al infierno, pero…bueno, mi visión de la maternidad se fue directo al infierno.

¿Qué se supone que haría con estas criaturas ruidosas, malolientes y escandalosas? Estas cosas que estaban constantemente moviéndose. Y trepando. Y gritando. Y empujándose mutuamente sin razón. ¿Cómo podría yo—una mujer y una lesbiana además—alguna vez remotamente entender a estas chillonas criaturitas capaces de hacer pis en sus propias cabezas?

 

Parecía una tarea imposible, pero aquí estoy para decir que después de 11 años de ser madre de niños, he aprendido un par de cosas. Estoy segura de que todos los padres de niños hombres se sentirán identificados.

 

1. La Guerra de las Galaxias es prácticamente una religión.  

No me importa que fueran fan de George Lucas antes de tener a sus niños. Les garantizo que llegarán a aprender la diferencia entre Darth Vader y Darth Maul. Se enamorarán de Han Solo (o de la Princesa Leia). Incluso, para su completa sorpresa, se referirán a su hijo como “joven Padawan” en algún punto de su infancia. Esta obsesión con todo lo relacionado a La Guerra de las Galaxias llega pronto y ataca fuerte. Como la peste. Infecta a toda la población masculina, y no hay vacuna. No hay una cura en proceso, ni siquiera está en el radar de la Organización de Salud Mundial. Así que háganse un favor y solo sométanse.

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2. Simultáneamente odiar y agradecer el privilegio que su hijo va a tener al ser un hombre adulto.

Esta es difícil. Todos queremos que nuestros hijos sean exitosos, y seamos honestos, los hombres—en particular los hombres blancos—tienen una ventaja en este mundo torcido en el que vivimos. Es más fácil para ellos. A nosotras no nos gusta. Peleamos duro por cambiarlo. Nos oponemos a eso con todas las fibras de nuestro ser feminista. Pero en el fondo, damos un suspiro incómodo de alivio porque nuestros niños no tendrán que luchar tanto como otros. Nos odiamos por eso, pero sin embargo lo agradecemos igual.

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3. Los niños dan los mejores abrazos.

Y besos, y mimos. Cuando reciben un abrazo de su hijo, no hay intenciones ocultas, o hay motivos escondidos. No hay ideas calculándose cuidadosamente. El afecto de los niños pequeños es simple. No encontrarán nada más puro en este mundo, lo puedo garantizar.

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4. Los gases son graciosos.

O por lo menos sus niños pensarán que son divertidísimos. Comenzarán a cultivar sus talentos para ellos desde el principio. Mientras más ruidosos mejor, mientras más malolientes mejor. Su casa estará llena de una gloriosa sinfonía de gases. Un día, estando en un estado de agotamiento inducido por correteo de niños, se encontrarán riéndose con ellos. Ese día, tendrán que flamear la bandera blanca en señal de rendición. La batalla ha terminado, y ustedes han perdido.

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5. Todo estará cubierto de orina.

De verdad. Todo. La taza del baño. La alfombra del piso (que tendrán que reemplazar no menos de 156 veces a lo largo de la infancia de su hijo). El lado de la ducha. La pared. A veces, incluso la ventana del baño (¿Qué demonios?). Aparentemente, darle a la taza del baño es mucho más difícil de lo que las leyes básicas de la física y la gravedad podrían sugerir.

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6. Todo puede ser, y será, transformado en una pistola.

Intenten instaurar su filosofía pacífica en sus hijos todo lo que quieran, el hecho es que los niños aman las pistolas. No tienen que comprarle esas pistolas luminosas que miran con ansias en los pasillos de la juguetería. Pueden hacer una pistola de cualquier cosa. Un palo, un rollo de papel higiénico, un plátano, un esnórkel, sus dedos. ¡Diablos, incluso juegan a que tienen una pistola cuando hacen pipí (aunque como mencioné en el punto #5, su puntería requiere bastante práctica)! Pasé cinco años luchando todo el tema de las pistolas hasta que me di cuenta de que es innato. Jugando con pistolas y espadas (curiosamente, siento menos ansiedad frente a la idea de mi hijo apuñalando a alguien que disparándole), los niños exploran las relaciones, su sentido de lo correcto y lo incorrecto (o del bien y del mal), y sus propios impulsos agresivos. Jugar con pistolas es normal. ¿Hablo con mis hijos acerca de los peligros de las pistolas de verdad? Absolutamente. ¿Les enseño acerca del respeto básico por toda vida humana? Absolutamente. ¿Empiezo a gritar, me vuelvo loca y los llevo a terapia cuando la botella de champú se convierte en una pistola? Depende de mi humor, pero probablemente no.

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7. Los niños son más…’físicos’.

Desde el momento en que salen estrepitosamente de nosotras y hacia el mundo, los niños son dueños del espacio en el que habitan. Trepan por los muebles. Saltan unos por encima de otros. Se golpean y empujan sin ningún motivo aparente. Un inocente abrazo entre hermanos puede transformarse en un ataque de jugadores de rugby en meros segundos. Perdí la cuenta hace años de las veces que debo decir “Deja quietas las manos” cada día. A pesar de que todos los artículos de colección quebrados en mi hogar gritan su desacuerdo, esta cualidad física es normal. Es como los niños se relacionan con el mundo. Los expertos incluso dicen que ayuda a promover relaciones positivas e inteligencia en los niños. Basada en esto, estoy convencida de que mis niños van a convertirse en el próximo Albert Einstein y Stephen Hawking, respectivamente.

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8. Los niños no escuchan.

De verdad, no lo hacen. Mis cuerdas vocales hinchadas y voz de fumadora de dos cartones al día son prueba del hecho que ni siquiera gritar funciona. Pero no es realmente su culpa. Estudios muestran que los niños tienen menos sensibilidad auditiva que las niñas al nacer, y esta diferencia tan solo aumenta con los años. El oído de las niñas es mucho más sensible a los patrones del habla, haciendo que sea más fácil para ellas que para ellos escuchar lo que alguien dice. Los cerebros de los niños desarrollan este talento más lentamente. Como resultado, puede que su hijo no esté ignorándolos mientras esparce sus Legos por todos los rincones de la sala. No es que esto haga menos exasperante el pisar estos Legos mientras dices su nombre una y otra y otra y otra vez. Pero es comprensible.

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9. Marvel versus DC. Elige uno. Elige uno lo antes posible. 

Su hijo tendrá una preferencia definitiva, y querrá escuchar su opinión al respecto.

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10. La ropa no significa nada.

Sí, comprar para niños es muchísimo más fácil que comprar para niñas. No les importa lo que pongan en sus cuerpos. El lado malo de esto, sin embargo, es que su hijo irá sistemáticamente destruyendo cada prenda de ropa que alguna vez le compren. Cada par de jeans/pantalones/partes de abajo de pijamas, tendrán las rodillas rotas. Habrán manchas de pasto, de comida, de barro y manchas no identificadas. Sufrirás por la pérdida del dinero ganado con esfuerzo. Y no hay nada que puedan hacer al respecto más que aceptar el hecho de que mandar a su hijo desnudo al colegio no está bien visto.

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11. Los niños aman incondicionalmente.

La mujer controladora que hay en mí, gritó para terminar esta lista con un #10 par, redondo y completo, pero esto es, de lejos, lo más importante que he aprendido acerca de criar hombres. Los niños aman incondicionalmente. Aman imperturbablemente. Aman con todo su pequeño cuerpecito. Cuando tu pequeña hija zapatea y te dice que la dejes tranquila, tu hijo simplemente te ama. Cuando tu hija adolescente está amargada y antipática y te odia, tu hijo simplemente te ama. Cuando tu hija adolescente te hace la ley del hielo, tu hijo simplemente te ama. Su amor es sólido. Su amor es fuerte y consistente desde el principio. Y se mantiene por un largo tiempo.

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Admiro la energía, la sensibilidad, la curiosidad, la inocencia y la compasión de mis niños cada día. Mis experiencias de maternidad pueden no calzar con la visión que tenía hace años, pero ha superado mis mayores sueños. Y tengo un par de niños increíbles por lo que lo agradezco.

Original.

 

 

 

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