Por Javiera Spröhnle
17 enero, 2017

Llegas hasta sus fotos del 2009 tratando de decidir cuál le mostrarás a tus amigas.

Nada más lindo que la etapa del enamoramiento. Ese momento en el que cada vez que lo ves o hablan sientes mariposas en tu panza. Ese proceso por el que todos pasamos, en el que todo es nuevo y maravilloso. Pero, también, es una etapa en la que uno se transforma completamente. Pareciera que de un segundo para otro todo nuestro ser racional, se hubiese ido de vacaciones. 

1. Miras el celular cada segundo

Como si estuvieses esperando el correo que dice si obtuviste el papel principal de la nueva película de James Cameron, miras tu celular cada 5 segundos para ver si te ha escrito, dado like, llamado o, ¡ALGO! ¡Por favor, algo, lo que sea!


2. Te pones paranóica


Si ya ha pasado mucho tiempo (3 minutos) y no te a escrito o respondido, empiezas a asumir y lamentar que ya no gusta de ti y que todo se ha acabado. Es posible también que te enojes y pienses “el se lo pierde”, mientras repites en tu cabeza, un millón de razones para convencerte de que es mejor que esté fuera de tu vida.


3. Suena tu celular y celebras internamente como si hubieses ganado la lotería


Cuando por fin se digna a escribirte o responder, probablemente no grites, pero abres los ojos tan grande que por un segundo pareciera que se te van a salir; tu corazón empieza a palpitar peligrosamente (riesgo de infarto) y sonríes estúpidamente.


4. Te haces de rogar


Tomas el celular rápidamente, pero justo ahí una voz en tu interior te dice: “hazte de rogar”, y vuelves a dejar el celular sobre la mesa como si nada hubiese pasado: “en media hora más contesto…”


5. No aguantas no responderle

Tus 30 minutos para hacerte de rogar se reducen a 5 (con suerte) y como si el celular fuera la mejor de las drogas, lo tomas ansiosa/histérica y te dispones a redactar.


6. Piensas, escribes, borras, piensas, escribes, borras…

Te demoras siglos en decidir qué decir, con qué palabras y en qué momento. Si hay algo que no eres, es espontánea.


7. Llegas hasta sus fotos del 2009 tratando de decidir cuál le mostrarás a tus amigas

Lo encuentras el más guapo del mundo, pero cuando quieres mostrarle a tus amigos el bombón con el que estás saliendo, de pronto se ve horrible en todas sus fotos. Le dices a tus amigas “¡Ay! no me cargan las imágenes, tengo poca señal”, cuando en realidad has buscado tanto que ya estás revisando las imágenes de cuando era un feto a ver si alguna te parece digna para mostrar.


8. “Es más guapo en persona”

Rendida, muestras la foto que por ahí te pareció un poquito mejor que las demás, pero antes de siquiera dar vuelta el celular para que tus amistades lo contemplen dices “se ve mejor en persona”. Mejor prevenir que lamentar…


9. Se te enreda la lengua tratando de explicar por qué te gusta

Si no es nada de guapo tus amigas te lo dirán, lo sabes. Entonces tienes que defender tu (mala) elección de pareja. Empiezas a tratar de enumerar las razones por las que te gusta pero no terminas diciendo más que: “Tiene algo…”


10. Revisas todas sus redes sociales

“Te amo…”

Más rápida y efectiva que un detective privado, ya sabes todo sobre su vida, gustos, viajes, familia, amigos, etc. Has llegado tan lejos con tu investigación que no solo revisaste todo su historial de facebook, si no que el de todos sus familiares, amigos y conocidos.


11. Sabes perfecto con quiénes estuvo antes de ti


Y las “amiguitas” de las que te deberías cuidar. Analizas cada foto que ha subido en la que salga alguna mujer, medianamente cerca de su anatomía e investigas toda la vida personal de cada una de ellas. Si es una ex, o la “mejor amiga” que se cree su novia, las tiene anotadas mentalmente en tu cabeza.


12. Refaccionas tus redes sociales


Justo en la mitad de tu stalkeo piensas: “¿y si él revisa mis redes sociales?” y te pasas 3 días enteros borrando fotos, subiendo nuevas y cambiando cada bibliografía o comentario que alguna vez has escrito en tu vida.


13. Entrenas a tus amigas para que no te dejen mal

Cuando por fin lo llevas por primera vez a una reunión con tus amigas, procuras tener todo fríamente calculado y planeado para que esa noche tu quedes como la Reina del Pop. Nada de andar contando anécdotas de esa vez que tomaste alcohol hasta que vomitaste todo el living de tu mejor amiga, ni nada por el estilo.


14. No sabes qué decir cuando te toca presentarlo


Decir: “hola, mi novio” es demasiado, pero decir: “hola mi amigo”, es muy poco. Al final no sabes como presentarlo y terminas siendo la más grande de todas las mal educadas, pero lo dejas solo presentándose a si mismo. Da igual, te ahorraste el incómodo momento de no saber si decir amigo, novio o “es complicado”.


15. Te pones nerviosa cada vez que se da la oportunidad de besarse

Te pasas toda la semana diciéndote que tomarás las riendas de la relación y lo sorprenderás con un beso, pero basta que estén los dos solos para que entres en pánico, solo con pensar que quizás se te insinúe.


16. Te haces la que nada te importa


Te muestras siempre super relajada y dispuesta a que todo “fluya”, dices: “si se da bien y si no, bien también”, pero en realidad estás cruzando los dedos por que lo que tienen jamás se acabe.


17. Intentas quedar bien con sus amigos (y no te sale)


Te esfuerzas tanto por conseguir la aprobación de sus amigos que al final del día llegas a tu casa pensando: “¿quién era esa? ¿y qué pasó conmigo?”, dijiste tantas veces en una sola noche: “me encanta la cerveza y ver fútbol” que ya ni tu te reconoces.


18. Te pasas literalmente todo el día pensando en él


En la próxima vez que lo verás, en como sería tener una relación seria con él, en cómo será su matrimonio y cómo se llamarán sus hijos.


19. Analizas cada cosa que dice o hace

Ya sea, “me invitó a una fiesta donde su primo, seguro ya quiere presentarme a su familia; esto va en serio” o “Nos encontramos con una de sus amigas y me presentó por mi nombre, ya no quiere nada más conmigo”…La verdad es que cada cosa que dice o hace tu la estás analizando, anotando y haciendo estadísticas con ellas.


20. Ya quieres que esta etapa pase rápido (y luego la extrañas)

Lo único que quieres es dejar de sentirte rara e incómoda con él. Pero después, cuando llevan 2 años juntos, lo único que quieres es volver a estar en la etapa de la conquista.

Nada más horrorosamente bonito que las mariposas en la panza, del primer mes.

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