Por Camila Cáceres
30 septiembre, 2016

La comida no es el enemigo.

Primero que nada, recuerda: La comida no es tu enemiga y no debes sentirte culpable por comer. La comida es literalmente lo que te mantiene viva y llena de energía. Mantener una buena relación con tu alimento es uno de los primeros pasos para llevar una vida realmente sana, por dentro y por fuera. ¿Estamos claros?

Pasando a lo que venimos, también hay momentos en que tenemos un hueco en el alma y no sé porqué el cuerpo te empuja a tratar de llenarlo de comida, ¡y jamás funciona!  Luego te sigues sintiendo mal, pero además te duele la barriga y tienes que volver a hacer la compra, porque seguro atracas con algo que debías guardar para la próxima semana.

Qué molesto, ¿verdad?

Juntamos algunos consejos para esos momentos en que te quieres comer el mundo, figurativa y literalmente.

1. Analiza el problema

¿Qué pasó? ¿Cuales son las soluciones? ¿Tiene solución? ¿Es realmente tan terrible? Antes de sacar el pan y el queso, sírvete un té relajante, pintate las uñas, busca videos de animales adorables en Youtube, cuenta hasta cien y si puedes, date un baño. Trata de distraerte y mirar la situación desde una nueva perspectiva.

Si todavía te estás mordiendo las manos o hace tres o cuatro horas que comiste, regálate un chocolate por buen comportamiento. No sólo te lo mereces, sino que las endorfinas te harán sentir mejor y dependiendo de la cantidad de cacao en relación al azúcar, puede ser hasta saludable.


2. Escucha lo que dice tu cuerpo

¿Será realmente hambre o es que necesitas romper algo? Si tus niveles de estrés alcanzan niveles estratosféricos, lo más saludable es que les des una vía de escape: Llora en el hombro de alguien, dale puñetazos a la almohada (o aún mejor, anótate en clases de defensa personal), visita un karaoke y canta a voz de cuello (la manera políticamente correcta de gritar) (cantar en la ducha también vale, pero no respondo por tus vecinos). Hay gente que recomienda visitar el gimnasio, pero sólo aconsejo eso si conoces bien tus límites. El objetivo aquí es no hacerte daño.


3. Fíjate si hay un patrón

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Si no piensas que sea estrés o ansiedad, y es sólo que inexplicablemente a veces te transformas en un agujero negro, considera si ocurre con algo en particular. Algo así como cada vez que ves la cara de tu jefe o sientes el olor de la basura que nadie sacó (otra vez) o estás en el transporte en la hora álgida. Puede que haya un problema que estés tratando de ignorar subconscientemente.

O puede que estés pasando demasiadas horas sin comer, o no estés consumiendo los nutrientes que tu cuerpo necesita. Sobre todo si estás haciendo alguna dieta de moda— recuerda que todos los cuerpos son diferentes y tienen distintas necesidades.


4. No te tragues tus emociones

Si sabes perfectamente lo que ocurre y no lo quieres o puedes resolver, es muy importante que no lo mantengas encerrado en tu cabeza, porque al final de ese camino hay una indigestión que no te cuento. Es verdad que a veces hablar no ayuda, pero en intentarlo no pierdes nada y al menos habrá alguien que por fin entenderá tus rabias y tus tristezas. 

Y si después de hablar (y llorar e insultar al mundo) todavía tienes hambre, sal con esa persona de confianza a compartir un trozo de pastel. Menos calorías con la misma dulzura.


5. Distráete

Muchos problemas no tienen solución. A veces no es realmente un problema tanto como las responsabilidades propias de ser un ser humano con escuela, universidad o trabajo. A veces es algo por lo que deberíamos hacer terapia, pero no hay tiempo o dinero. El punto es que El Hambre está allí para quedarse. Y si ya hemos comido suficiente, ¿cómo controlarnos?

A mi me ayuda hacer listas. Listas de cosas que me gusta hacer, como pintar mis uñas, leer mis libros favoritos (otra lista), ver netflix (otra lista), escuchar música (otra lista), planear locuras (otra lista), modificar ropa y otra infinidad de sandeces. Cada vez que recuerdo algo que me puede ocupar cinco minutos lo anoto y cada vez que mi mente se desbanda, saco esa lista y me abstraigo de lo que no puedo resolver. Esa lista es diferente para todos, pero mantenerte ocupado siempre es útil.

Y si ya no hay nada que hacerle, no te sientas culpable por comértelo todo un día. Mientras no lo hagas habitualmente, el impacto en tu salud no es tan terrible.

¡Buenas suerte!

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