Por Candela Duato
27 enero, 2015

Mi segundo hijo cumplirá un año en una semana. Sin duda, ha sido un año como una montaña rusa. Por una parte, pasó muy rápido. Por otra, parecía que nunca iba a terminar. Supongo que todas las madres me comprenden. Siento muchas emociones encontradas: Por un lado, felicidad por el hecho de que los días de mucha falta de sueño son algo del pasado. Por otro lado, tristeza de saber que nunca más tendré a alguien que me necesita tan intensamente como lo hizo mi hijo el año pasado. Aquí están las lecciones más importantes que aprendí en mi primer año siendo madre de dos niños:

1. Todo pasará (y olvidaré lo malo que fue)

Con mi primera hija, toda etapa difícil parecía eterna y casi imposible. Sin embargo, con mi hijo rápidamente me he dado cuenta de que pronto estaremos en otra cosa y que casi no me daré cuenta. Así que cuando mi hijo decidió que odiaba el auto durante los tres primeros meses de su vida, no me estresé como lo hubiese hecho con mi hija. Sabía que era sólo una fase y ahora casi no lo recuerdo.

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2. No puedo estar haciendo yo todo a todas horas. Y no me recrimino nada al respecto

Hay ocasiones en las cuales mis dos hijos necesitan algo y tengo que escoger quién tendrá que esperar (y quien estará llorando mientras lo hace). Esto no me convierte en mala madre. Mis hijos continuarán siendo felices.


3. Cada hijo es totalmente diferente, así que guíate por cada uno de ellos

Mi hijo nunca ha tomado un biberón, durmió durante 5 horas sin despertar cuando aún estábamos en el hospital y le encanta jugar solo. Mi hija de casi 4 años requirió soborno para finalmente dejar el biberón pasados los dos años y aún nos despierta a las 3 de la mañana. Estas y otras diferencias entre mis dos hijos me han enseñado que tienen sus propias personalidades y rasgos únicos y que esto, de alguna forma, me libera del estrés de pensar que sus futuros y estados mentales dependen sólo de mí.

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4. Cuando necesito ayuda, debo pedirla

Mi hija es la primera nieta en ambos lados de la familia y no me faltaron las ofertas de ayuda para cuidarla. En esta ocasión, todos están un poco más viejos y mucho más cansados, así que he tenido que ser más directa al respecto. No me siento culpable cuando contrato ocasionalmente a una niñera o cuando dejo a mis hijos todos los días en la guardería del gimnasio o cuando le pido a mis padres que se queden con mis hijos por una o tres noches. Este tiempo a solas me hace ser mejor madre.


5. Tengo que confiar en mis instintos, incluso si no todos están de acuerdo

Para mi esposo y para mí, dos hijos es nuestro límite. Sabíamos esto incluso antes de que me embarazara. Y lo hice oficial durante el parto. Me ha sorprendido la cantidad de personas que no comprenden esto, como si mi decisión de quedarme en casa con mis hijos significara que quiero miles de hijos. Sin embargo, hay algo que he aprendido con esta decisión y con casi todas las otras decisiones que he tomado desde que tuve a mi hijo, y es que si funciona para mí y mi familia, lo demás no importa.

 Visto en Pop Sugar.

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