Por Carolina Mila
21 enero, 2015

Sara Boboltz eligió 5 casos publicados en una revista para mujeres de 1950 se se editaban en la columna llamada “¿Puede salvarse este matrimonio?”. En esta sección, se discutían problemas matrimoniales desde 3 perspectivas: la de la esposa, la del marido y la de un consejero matrimonial del Instituto Americano de Relaciones Familiares que entonces era muy importante. El tratamiento de los casos y los consejos finales a las mujeres resultan hoy en día verdaderamente desubicados. Aunuqe todavía falta mucho por avanzar en materia de igualdad de responsabilidad en las relaciones, leer esta visión de tan solo hace 60 años te hará pensar en todo lo que hemos avanzado y te hará sentirte feliz de haber nacido en otra década.

1. Sylvia y Everett, Abril 1953

Lección: la “personalidad” de una mujer es la culpable de problemas de matrimonio.

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Sylvia, una “mujer bien vestida” que intentó suicidarse, sospecha que su esposo Everett está engañándola con otra mujer. El consejero habló con Sylvia muchas veces y con su marido solo dos, y en sus breves entrevistas dijo que no tenía intención de “discutir sobre su comportamiento” sino que su único propósito era “ayudar a enderezar” a su esposa, con quien se había casado porque “le daba lástima”. Aún así, el consejero sintió que “Sylvia efectivamente era el mayor problema en el matrimonio.”

Entrevistas con Sylvia revelaron a una persona cuya determinación e intento de llamar la atención (“Más que nada estaba intentado asustar a Everett,” dijo sobre su intento de suicidio) fueron ignorados. “Mi marido es un hombre bueno y generoso,” afirmó Sylvia, pero dijo que estaba preocupada por sus hábitos alcohólicos.

Y de todas maneras se le sugirió a Sylvia que “cambiara su personalidad y sus actitudes firmemente arraigadas” en contra de su marido, escribió el consejero, porque ella había “dañado su masculinidad profundamente.” El ser muy “rápida” con los hombres en su pasado había dejado a la mujer de 31 años “casi tan emocionalmente inmadura como una niña de cinco o cuatro … conduciendo a su esposo fuera de su casa al bar de la esquina y a los brazos de otras mujeres.” El consejero encontró maneras de culpar a Sylvia en todo aspecto de los problemas matrimoniales de la pareja, desde el alcoholismo de Everett a su probable infidelidad, mientras Everett simplemente “debía mejorar” su consumo de alcohol y aventuras amorosas.


2. Lucy y Dan, Abril 1954

Lección: mientras más tiempo lleves casado, más deberías dejar pasar por alto la violencia doméstica.

Lucy estaba lista para dejar a su esposo abusivo. Pero de acuerdo con su asesor, ella estaba “ignorando los aspectos prácticos de su situación.”

“Después de 19 años he llegado a mi punto de quiebre,” Lucy dijo, explicando cómo ella habría dejado una vida llena de regalos extravagantes para escapar la violencia que era forzada a soportar. Incluso había involucrado a la policía, asegurándose protección contra su marido. En un intento anterior para dejarlo, Dan había rastreado a Lucy y su hijo y los “arrastró” de vuelta a su casa.

Bueno, “19 años es un montón de tiempo,” escribió el consejero. “Lucy y Dan estaban tan unidos como las raíces de un árbol.” Aparentemente, Lucy ahora estaba encadenada a su esposo abusivo porque ella, de alguna manera, había perdido su ventana de escape a la madura edad de 36. “Lucy, su hijo y su tía anciana eran económicamente dependientes… Sin Dan, Lucy estaba varada”, y olvídense de la seguridad y salud mental. El esposo de Lucy, un hombre al que no le gustaba ver a mujeres usar pantalones, fue incluso perdonado por considerar a su hijo como un “rival” porque su esposa no estaba dándole suficiente “elogio, apreciación, admiración y amor.”


3. Alice y Ralph, Febrero 1953

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Lección: las esposas deberían ser capaces de leer mentes.

Alice no conseguía que su esposo hablara.

“Durante cinco días Ralph no me ha dicho una palabra,” dijo Alice. “Le pregunto si me ama, y solo mira a otro lado. Come sin hablar, sin notar que he cocinado todas sus comidas favoritas.” Ralph se quejó de que Alice estaba volviéndolo “loco”, así que la castigó con la ley del hielo.

Considerándose a él mismo el proveedor de la familia, Ralph dijo que no “sabía a quién amar” cuando se sentía tan sobrecargado con responsabilidades. Claro, podría haber conseguido un trabajo full-time, pero luego se habría sentido “atado a un escritorio” todo el día. “Tengo que tener algo de libertad para sentirme como un hombre del todo,” se quejó.

Muy lejos de recomendar que Ralph comprobara su privilegio masculino, el asesor regañó a Alice por su falta de percepción extrasensorial. “Al cocinarle caros filetes y ahogarlo con declaraciones de amor excesivas,” se explicó, “ella estaba ofreciéndole no el tipo de atención que Ralph quería y necesitaba, si no que el tipo que ella quería para ella.” Una buena esposa se habría dado cuenta de que estaba haciendo cenas que la familia no podía costear, incluso si su marido no estaba usando sus palabras de hombre adulto para expresarse.


4. Amy y Joe, Mayo 1953

Lección: si no le das suficiente atención a tu pareja, tiene una buena excusa para engañarte.

Amy y Joe dirigían la “mejor y más grande” sastrería y lavandería en el pueblo, desde la perspectiva de Amy. Tenía derecho a presumir – Amy era mayormente responsable por el éxito de su pequeña empresa, de acuerdo a su marido. Después de que la engañara, sin embargo, ella le pidió que se fuera. “No fui criada para considerar la infidelidad como algo pequeño,” dijo Amy.

Amy no “pretendía privar a su esposo de su sustento” en la tienda, así que continuaron trabajando juntos a pesar del remordimiento de Joe. “Por favor convence a Amy de que me acepte de vuelta,” Joe le pidió al consejero. “La otra mujer no vale ni una de las sonrisas de Amy, ni siquiera uno de sus enojos.” El asesor no vio a una mujer independiente y un hombre quien necesitaba comunicarse mejor, sino a una mujer de corazón frío y un hombre triste y maltratado.

“Por supuesto, ella también era mayormente la culpable por la infidelidad de Joe. Amy prácticamente lo llevó a buscar en la compañía de otra mujer un poco del elogio y crédito que no estaba recibiendo en su hogar,” escribió el consejero. Se le aconsejó a Amy que “adoptara un set de valores divergentes” porque era “demasiado mandona.” Pobre Joe “se sentía como un don nadie, que no valía nada” mientras su esposa se aseguraba de que tuvieran suficiente para comer.


5. Patrice y Gid, Octubre 1955

Lección: nunca intentes tenerlo todo.

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Patrice, una mujer “delgada y atractiva” de 36 años, tenía un buen trabajo como redactora en una agencia de publicidad, en la que fue ascendida. “Mi primer impulso fue llamar a mi marido para que compartiéramos la emoción,” explicó. Pero su ascenso significaba que ahora ganaría más de lo que su esposo, Gid, hacía como vendedor.

Cuando la pareja se casó, Gid dijo que “no le importaba que Patrice tuviera un muy buen trabajo.” Pero que pensaba que también quería que ella fuera una esposa “real”. El asesor encontró que Patrice tenía la culpa no solo por su carrera, pero por “la manera en la que manejaba su carrera, a su esposo y a su bebé.” Patrice, notó el consejero, “llegó a la adultez odiando el hecho inalterable de que estaba condenada a ser una mujer en un mundo dominado por el hombre.” Por suerte, consiguió su “verdadera recompensa” al final, “cuando dejó su carrera en segundo lugar… se convirtió en una esposa y madre exitosa.”

Afortunadamente, el Instituto ya no existe para distribuir estos horribles consejos matrimoniales. Y aunque esta misoginia aún esté presente y fuerte, al menos no es perpetuada en las revistas para mujeres populares.

Visto en Huffington Post y Weheartit

 

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