Por Valentinne Rudolphy
24 marzo, 2015

No eres la única que intenta evitar a toda costa las discusiones.

Detesto los enfrentamientos. De verdad. Prefiero ser la persona más complaciente del mundo antes de discutir con alguien, aunque hay algunas excepciones (muy pocas). No sé qué es lo que me pasó mientras crecía, pero de alguna manera desarrollé esta intolerancia al conflicto. Muchos podrán estar leyendo esto y decir «hey, aquí hay un problema». Pero estoy segura de que cuando comparto esto, no soy la única. ¡Es difícil! Estas son algunas de las situaciones que si, eres como yo, entenderás:

1. Eres la «Suiza» entre tus amigos y familia

Tomar una posición neutral siempre será una buena estrategia para gente como nosotros. Tanto en enfrentamientos como en concursos, muchas veces prefieres dar un paso al lado para no tener que lidiar con las consecuencias. Y como tus amigos ya conocen tu dinámica, no te involucras demasiado cuando las cosas se ponen feas.


2. Cuando alguien te dice «tenemos que hablar», tiemblas

Esta es una de las frases que menos quieres oír en tu vida. Cuando esto pasa comienza a pensar en todas las cosas que has hecho, si alguna de ellas está mal, si quizás es por ese error que cometiste cuando tenías 14 años o descubrieron ese post en tu blog donde decías tus secretos más profundos. Y peor si es por escrito, donde no puedes descifrar el tono con el que viene esta angustiante premisa. Te imaginas lo peor.

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3. Odias tener que hacer todo tipo de consultas

Desde preguntar por direcciones en la calle, hasta llamar al servicio técnico, se transforma en una tragedia para ti. O ni hablar de hacer citas al médico y que haya un problema. Tus nervios se ponen de tal manera que terminas cambiando las fechas, los datos y olvidando todo al colgar el teléfono.

Yo y mi novio, ninguno somos buenos en esto y se nota. Yo sabía cómo era, y cuando nos conocíamos evitaba esas situaciones. Pero al entrar en confianza él también comenzó a sacar su verdadero ser. Tener que llamar para hacer alguna pregunta o acercarse a alguien para el mismo propósito en la calle es otra confrontación en sí. «Habla tú«, «No, habla tú«, es nuestro diálogo permanente. Y es, en este caso, una mala combinación.


4. Cuando dicen algo incorrecto sobre ti no te molestas en corregir

No eres buena incluso teniendo que corregir algo tan básico e importante como tu nombre. Te minimizas. Esperas todo el tiempo que puedan decir tu nombre de manera correcta, y cuando no lo haces, solo asientes con la voz más suave que puedes.

La perfeccionista dentro de ti se retuerce cuando oyes decir cosas de la manera incorrecta. Y te quedas pensando en todas las situaciones que podrías haber cambiado de haber abierto tu boca. Estas ni siquiera implican una confrontación directa, pero bueno, prefieres no arriesgarte.

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5. Tu tendencia a evitar las discusiones hace que te lleves más cargas

Cuando comienza una pelea que tú, obviamente quieres evitar, muchas veces prefieres actuar de manera conciliadora y luego no puedes dormir pensando en ello. A veces, por tu manera de ser, acumulas problemas que son innecesarios y que no te corresponden, solo por no querer pasar un mal rato. Pero luego, lo pasas peor tú.

A pesar de que estas características pueden no parecernos algo grave, lo cierto es que si eres de este tipo de persona, lo mejor es que poco a poco vayamos alivianando nuestra propia carga y asumir que de vez en cuando hemos de hacerle frente a aquello que nos molesta. Habrán ocasiones en que solo podrás resolver situaciones confrontando a otros, no tiene porqué terminar mal. Te animamos a que juntas, vayamos dando un paso a la vez.

Imágenes de We Heart It.

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