Por Teresa Donoso
12 septiembre, 2016

Dato del día: vas a discutir lo quieras o no, pero la forma en la que manejes la situación determinará para siempre tu futuro.

Vivir con tu pareja nunca es como en las películas. Crees que todo será perfecto, después de todo, ya se han ido de vacaciones varias semanas y todo ha sido genial. Pero déjame decirte que vivir con la persona que amas no es sólo despertar junto a él/ella todas las mañanas, compartir desayunos en la cama y quedarse conversando en voz baja hasta que se quedan dormidos abrazados. Esa es sólo una parte. La otra parte es que tienen que lavar la ropa, limpiar la casa, pagar las cuentas, decidir quién hará qué y enfrentarse a una multitud de malos entendidos que se sienten como una puñalada directo al corazón para el afectado, pero que muchas veces se dieron porque uno de los dos se confundió e hirió sin querer al otro.

Te diré algo que no todos dicen: vivir con tu pareja va a ser difícil y la mitad del tiempo te va a parecer que cometiste un error, pero será justo en esos momentos, en los que todo parezca difícil pero igual quieras intentar arreglarlo, que te darás cuenta de que realmente no puedes imaginarte discutiendo con nadie más sobre los platos sucios o sobre el desastre del baño que con él/ella.

(Aunque si de verdad te parece que cometiste un error, no está de más pedirle un consejo a tu mejor amig@ o a tu terapeuta).

1. Aprendí que la paciencia es un concepto más importante del que se cree


En serio. Vas a tener que tener paciencia porque habrá cosas bastante mínimas que comenzarás a odiar en muy poco tiempo. Como que apriete la pasta dental de forma diferente o que prefiera guardar las tazas hacia arriba en vez de hacia abajo o que cuando le pidas que te haga un café olvide ponerle un poco de agua helada. Te dirás: pero antes él/ella nunca hubiese hecho esto. Claro, porque antes no vivían contigo y probablemente lo hacían todo el tiempo cuando vivían solos. Recuerda esto: por cada cosa que te molesta, lo más probable es que tu también tienes un hábito igual de terrible que te parece muy normal.


2. Dejé de ver el mundo sólo a través de mis ojos


Vivir en pareja es un ejercicio en empatía que idealmente ambos deberían realizar. Cuando no entiendas por qué hace algo de cierta forma, intenta ver el mundo a través de sus ojos y lo comprenderás a la perfección. Ah y preguntar de forma directa y sin rodeos nunca está de más, te puede ahorrar días y días de incomodidad.


3. Aprendí a escoger mis batallas


Vas a discutir pelear por muchas cosas. Vas a armar argumentos en tu cabeza y vas a decidir la razón perfecta porque la TÚ y no la otra persona, tienes la razón. Pero al final del día hay muchas cosas por las que no vale la pena discutir. El tiempo que tenemos es finito, ¿no sería mejor pasarlo riendo?


4. Comprendí que el dinero sí es un tema y que lo mejor es hablarlo de frente


Decidan desde el comienzo cómo pagaran las cosas y quién se encargará de qué. Quizás uno de los dos pagará las cuentas y el otro le devolverá la mitad. Quizás uno de los dos pagará la renta completa porque el otro tiene un trabajo con un salario muy bajo. Lo que sea que acuerden sean honestos, porque después no lo podrán cambiar sin generar muchos conflictos.


5. Acepté que había cosas que cambiarían para siempre


Vivir juntos no es lo mismo que verse un par de veces a la semana, tener citas, salir a comer y hacer sólo las cosas divertidas. En las citas tratas de mostrar lo mejor de ti mismo, cuando vives juntos muestras lo mejor y también lo peor. Hay cosas que nunca más serán iguales pero eso no significa que no puedas crear nuevos rituales llenos de significado y amor.


6. Comencé a comunicar mis necesidades con mucha claridad


Existe un mito que dice que las mujeres decimos ‘no’ cuando queremos decir ‘sí’. Digo mito porque creo que es falso. La mayor parte del tiempo omitimos nuestra respuesta o decimos que ‘no’ o que ‘sí’ porque realmente creemos que eso es lo que sentimos… sólo que a veces nos damos cuenta que no quedamos satisfechos con nuestras respuestas. Fue así como aprendí que si quiero algo en particular debo pedirlo y no esperar que mi pareja lo adivine y frustrarme en el proceso. Difícil, pero posible.

¿Estás pensando irte a vivir con tu pareja? Es un gran paso y a pesar de todo, es algo muy divertido y lleno de pequeños desafíos. ¡Suerte!

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