Por Emilia García
17 abril, 2015

Valórate y valora lo que haces día a día, porque es único. Porque tú eres única. Tu trabajo, esfuerzo y sacrificio no tienen precio. 

Querida mamá:

Primero que nada, quiero que sepas que no estás sola. Te entiendo. Te entiendo de verdad porque he pasado por lo mismo que tú, y también he tenido ganas de renunciar. Y no, no eres una mala persona por eso. Eres humana.

Y es que la maternidad realmente es tan distinta a como la pintan. Es tan distinta a lo que imaginamos desde pequeñas. Es tan distinta a las fotos idílicas que vemos en Pinterest.

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Fuente: We Heart It

Ahora que eres madre has podido aterrizar esa idea. Verla más cercana, más real. Y sé, que como yo, hay momentos en los que has querido desaparecer de la faz de la tierra. Momentos en los que sientes que realmente tu cuerpo ya no es capaz de dar una gota más, pero sigues, inconsciente, y el cuerpo ya actúa por inercia.

Olvidaste lo que era descansar, y para qué hablar de dormir. Has sentido que no tienes suficientes manos para lavar, dar de comer, bañar, jugar o cocinar. El cansancio se nota en tus manos, pechos y rostro. Y has llorado. No una ni dos, sino que incontables veces. Y el número de veces que has llorado no se compara con el número de errores que has cometido. Y te avergüenzas, y sientes que estás fallando.

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Fuente: We Heart It

Pero como estos, habrán momentos difíciles. Habrán momentos terribles. Las ganas de desaparecer volverán, y vas a volver a querer renunciar. Sin embargo, equivocarte no es fallar. Sentir lo que sientes no es fallar. Llorar no es fallar. Fallar es renunciar. 

Porque no debes fijarte en las veces que te has equivocado, porque eso es parte del proceso, es parte del apredizaje. Fíjate en las veces que has tenido éxito, esas son las que valen.

Atesora todos estos momentos, buenos y malos, como recuerdos, porque no volverán más. Esta es la maternidad, y esto es lo bello de ella. Que es natural y está llena de imperfecciones.

No dejes que nadie juzgue tu maternidad, ni los más cercanos. La única opinión que vale es la tuya. Valórate y valora lo que haces día a día, porque es único, porque tú eres única, y tu trabajo, esfuerzo y sacrificio, no tiene precio.

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