Por Emilia García
31 julio, 2015

La tecnología hace que nos encontremos, pero también que nos perdamos. 

No es necesario hacer un análisis exhaustivo para darnos cuenta de cómo ha cambiado el mundo en el último tiempo. Y es que tecnología lo ha cambiado todo. Positivamente nos hemos convertido en un mundo globalizado e instantáneo, en donde las distancias no son un impedimento para conectarnos. Sin embargo, hay un lado oscuro del que no todos somos conscientes. 

Un nuevo estudio concluyó que en niños y adolescentes, el uso excesivo de redes sociales está asociado a una salud psicológica escasa. Investigadores canadienses analizaron a 753 estudiantes de entre 7 y 12 años, verificando su uso de redes sociales y su salud mental.

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@natagalopez

Aquellos niños que reportaron problemas de salud mental eran aquellos que usaban redes sociales por más de 2 horas diarias, mientras que los niños que resultaron sin problemas las utilizaban poco o nada. El uso diario de 2 horas o más también se asoció con baja autoestima, angustia e ideación suicida, concluyendo, evidentemente, que los estudiantes con salud mental pobre eran usualmente los grandes usuarios de las redes sociales, en donde constantemente veían la «vida perfecta» del resto.

Y es que los resultados anteriores son alarmantes, considerando además que hoy en día la mayoría de los niños se desarrolla rodeado de tecnología, quieran o no. A esto se le suma el hecho de que un estudio anterior concluyó que un 48% de los adolescentes nunca ha tenido una experiencia en linea que lo haya hecho sentir bien acerca de él mismo, y que la ansiedad es el mayor problema entre estudiantes. ¿Triste no?

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@ca_03

Pero no le echemos toda la culpa a la redes sociales. Este estudio en realidad no pretende revelar un problema de causa consecuencia netamente asociado a esto, sino que quiere comunicar el hecho de que las redes sociales exacerban y exageran sentimientos ya existentes, consecuencias que también se pueden extrapolar a adultos con personalidades inestables.

Y bueno, el «problema» es un hecho, eso todos lo sabemos. Ahora depende de nosotros poder manejarlo de manera correcta, y la clave está, como todo en la vida, en el equilibrio y la moderación.

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