Por Carolina Mila
11 febrero, 2015

Tener un hijo es una bendición y una gran fuente de felicidad, pero es normal que la etapa posparto sea una etapa confusa.

Este post fue escrito originalmente por Sarah Bregel para Huffington Post.

Cuando me convertí en madre a la corta edad de 24 años, me alegró finalmente despedirme de un difícil embarazo y aceptar las alegrías de esta nueva etapa de maternidad. Pero si bien las alegrías son muchas, también lo fueron los desafíos. Creí que estaba preparada para ser mamá.

Pero en realidad no hay forma de estar preparada y desearía haber sabido eso. También desearía haber sabido cómo pedir ayuda.

Sin importar la edad en la que te conviertas en madre, se siente como ser lanzada a los lobos. Aunque todos hablen solo de la bendición que son los bebés, del amor, la felicidad, los instintos naturales. Yo, en efecto, sentí esas cosas, pero también me sentí disminuida, superada, exhausta, y completamente sola. Lo peor fue que esas emociones me hicieron sentir como una gran fracasada porque no se supone que debería sentirme así. Nadie me advirtió que sería así. Todos asumieron que yo estallaba de felicidad, por lo que interpreté ese rol.

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La licencia de maternidad por lo general no alcanza. Cuatro años y medio después de convertirme en mamá y ver a mis amigas pasar por lo mismo que yo, sé que esto es así. Llegamos a la maternidad esperando recuperarnos de inmediato y cuándo no lo logramos nos sentimos confundidas, tristes, ansiosas y llenas de culpa. Nos preguntamos qué fue de nuestros cuerpos, y el por qué esto nos resulta más difícil que a las otras mujeres. El por qué nuestros hijos no duermen toda la noche cuando recién tienen unos pocos meses de vida. Y nos preguntamos: ¿qué es lo que estamos haciendo tan terriblemente mal?

Por algún motivo extraño, nos han enseñado a pretender que todo es un paseo por el parque. Nos han enseñado a hacer que se vea fácil, incluso si eso significa dejar de escuchar los llantos de nuestro recién nacido en un intento de dormir bien una noche. Incluso si eso significa usar biberones mucho antes de que estemos listas porque volver al trabajo con las mamas llenas de leche nos hace sentir más como vacas que como mujeres, lo cual no es realmente agradable.

Tenemos que hacerlo porque donde sea que miremos, la sociedad nos dice que nos tapemos y ni en nuestros trabajos nos apoyan cuando nos esforzamos por alimentar a nuestros bebés.

Para muchos de nosotras volver al trabajo después de la licencia de maternidad, es muy pronto y no estamos listas. El mundo nos quiere de vuelta y preparadas, pero en realidad deberíamos estar sentadas recibiendo un masaje en los pies. Hemos vivido uno de los cambios más importantes de nuestras vidas con expectativas irreales y sin al apoyo adecuado, lo que puede ser mil veces peor de lo que alguna vez pudimos imaginar.

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Lo que las mamás realmente necesitan en el posparto es comprensión, y no la expectativa de que debería estar lista para las fotografías cuando lo único para lo que está lista es la siesta. Necesitamos personas con quienes hablar sobre lo difícil que es este momento, en vez de sobre lo feliz que deberíamos estar. Necesitamos tiempo para abrazar y amar a nuestro hijo en vez de estresarnos sobre lo que deberíamos estar haciendo y en lo atrasada que estamos en ello.

Necesitamos oportunidades para hablar, ventilar, llorar y sentir y saber que eso está bien. Necesitamos una sociedad a la que no le moleste las mujeres que amamantan tal como no les importa ver los pechos de mujeres en las revistas y películas.

Necesitamos parejas que despierten en la noche y nos den un masaje en la espalda o nos digan “lo estás haciendo genial.” Necesitamos amigos que digan “Yo he vivido lo que estás viviendo.” Lo que las mamás realmente necesitan después del parto es un mundo que les permita ser madres desde todos los ángulos, incluso si no son tan lindos como nos gustaría creer.

Visto en Huffington Post & imágenes de Weheartit

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