Colaboración por María Belen Cueva Hualca
27 años, ecuatoriana. Soy una chica que quiere mostrar la verdad.

Es hora de hablar con honestidad sobre esta enfermedad.

Tengo 27 años y gran parte de ellos los he pasado sintiéndome así. Tengo ansiedad y también depresión y muchas veces siento ganas de decir cosas que ni siquiera me salen. Es como si las palabras se hubiesen quedado atrapadas en mis labios. Sé que muchas veces no parezco muy habladora ni muy simpática, pero es porque todo el tiempo estoy pendiente de todo. Mi cerebro no puede evitarlo, así es como se siente vivir con ansiedad.

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@kissmyneckcallmebaby

Puede que te estés preguntando cuáles son las cosas en las que mi mente se fija y realmente es todo: la ropa que usaré, si es que acaso olvidé algo, si es que parezco feliz, si es que debería hacer algo el fin de semana, si es que tengo lo necesario para cocinar mañana, si es que alguien me está mirando demasiado, entre tantas otras preguntas sin respuesta.

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Muchas personas me han dicho que deje de preocuparme, pero para mí no es una opción. Todo es así desde que me despierto hasta que me acuesto y me siento estresada, enfadada, agobiada. Desearía no sentirme así pero por ahora mi cerebro sigue pensando de esta forma, sigue agobiándome con toda esta información. Sé que vivo con ansiedad y depresión (ambas diagnosticadas) pero poco a poco he ido convenciéndome de que no es mi culpa y que en realidad nunca lo fue.

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Cuando siento ansiedad siento que el corazón me late muy rápido y se me forma un nudo en la garganta. Puede que haya gente que quiera decirme: ‘eso no es ansiedad’ pero para mí lo es, y he llegado al punto en el que ya no quiero dar más explicaciones de mi condición. Estoy intentando vivir con ella y curarme, pero lo más importante de todo es que estoy intentando hacerlo sin hacerme daño a mí misma y sin hacerle daño a nadie.
Puede que esté perdida, pero sigo siendo una mujer luchadora. Eso nunca cambiará.