Por Raúl Cobo
15 noviembre, 2016

Uno nunca quiere tener razón al decir «te lo dije».

Te educaron para ser el hombre de la casa, el sostenedor, el gran jefe. No podías perder más tiempo siendo solo un joven sin compromiso, tu deber era ser un esposo y padre. No había en ti otro concepto de felicidad que no fuera estar junto a quien tú creías amar, y si no la amabas, bueno, eso no importaba mucho; ella era una mujer y tú un hombre, y ya habían pasado los 25 años, era necesario casarse.

Recuerdo el día en que me contaste, cuando pensabas que todo iba a salir bien: ambos tenían un trabajo y un mismo proyecto en mente. Todo parecía estar fríamente calculado, como si se tratara de un plano arquitectónico. «Las bases son solidas», decías en tu mente de ingeniero recién titulado.

¿Estás enamorado?, pregunté y tú me respondiste que el amor nunca es un buen indicador, que estadísticamente las parejas que más enamoradas estaban eran las primeras en separarse. Ok, no sé de dónde sacaste ese dato pero puede que tengas razón, el amor no es estable ni concreto, y puede generar conflictos e incomodidad, pero es por eso que nos enamoramos, para sentirnos humanos. Y tú mi buen amigo, no estabas siendo humano, parecías una maquina eficiente y responsable, haciendo lo mismo día tras días y cumpliendo con las metas que alguien te propuso al nacer: que después de estudiar debías conseguir un trabajo y así casarte y ser un buen padre. El amor nunca estuvo en las prioridades, lo que importaba era sentirse cómodo y tú lo estabas. Nunca estuviste enamorado, ella solo era la que estaba junto a ti en el momento en que tú pensaste que era normal establecerse; una buena compañera, pero nada más que eso.

Lo sabías, pero aún así se casaron; me acuerdo que te desee lo mejor ese día. La fiesta por cierto, estuvo hermosa; la gente celebró, lloró y se fue con la sensación de que tenían un gran futuro por delante, todas las parejas lo tienen, de lo contrario, eres un fracaso, tal como tú te sientes ahora.

Crees haber fracasado como hombre y como futuro padre,  y al mismo tiempo, como hijo. Ya no serás el ejemplo de nadie. Te has convertido en un ente que camina con la cabeza agachada en medio de los eventos familiares; un zombie entre tus amigos, incapaz de volver a creer en alguien porque eres incapaz de volver a creer en ti. Te sientes avergonzado porque en tu vida te enseñaron a no fallar. Separarse es de perdedores te dijeron en tu familia y esa frase hizo eco en la sociedad.

Ahora ves el futuro con miedo, como si fueses un anciano, pero sin la sabiduría de estos. No te duele tanto haberla perdido a ella como si te duele el fracaso. Ni siquiera te has preguntado porque ella fue quien pidió separarse, quizás, el temor a la verdad sea la más certera de las respuestas.

Yo no te pido que salgas y que busques a una nueva persona, yo solo te pido que por un momento en tu vida, dejes de hacerlo, QUE DEJES DE BUSCAR. Tienes que dejas de ver el amor como un objetivo y comenzar a verlo como una necesidad, que cuando estamos necesitados de algo volvemos a usar el instinto.

Seguramente, te volverás a caer y pasarán otros días en los que no te vas a querer levantar, pero recuerda siempre que para volver a estar allá arriba, debes antes saber caer muchas veces al suelo. Esa es la única forma de madurar.

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