Colaboración por Dayana Rodríguez
Nací en Aguascalientes, México. Tengo 19 años y soy la hermana del medio. Me gusta leer artículos interesantes, escribir, pintar y disfruto demasiado de la música y la buena escritura.

No hay amor más grande que el que me ha dado mi mamá. 

A tu lado he pasado los mejores y peores momentos de mi vida. Tú cargaste conmigo por largos 9 meses, te enfrentaste al dolor más fuerte que sufre una mujer al parir y aún así me recibiste con una enorme felicidad. Fuiste tú quien escuchó mi primer llanto, mis primeras palabras, quien me enseñó a dar los primeros pasos. Te agradezco cada uno de los momentos felices que he pasado a tu lado. Pero no todo fue felicidad, y sabes muy bien de lo que hablo.

Durante mi infancia no me daba cuenta de muchas cosas que pasaban a mi alrededor. Ignoraba que tu sufrías y, cómo podría notarlo, si siempre tenías una sonrisa para mí, unos brazos fuertes y cálidos que me protegían de todo. Pero cada día crecía y me percataba de estas cosas que ignoraba. Tanto para mí como para ti fue trágico, vivir tu dolor, tu sufrimiento, tu tristeza. Fuiste y eres la mujer más fuerte que he conocido.

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Para mí lo más doloroso de todo esto, fue ver en tu rostro el dolor, ver caer tus lágrimas. Significaban golpes que azotaban mi corazón. Sufría tanto como tú y, a pesar de ello, me tragué mi tristeza y me enfrenté a la realidad contigo.

Tú no podías verme derrumbada. Era el momento de regalarte sonrisas y abrazos cálidos, y aún así el dolor que yo sentía no se semejaba ni un tanto a lo que tú estabas sufriendo.

Me derrumbaba cada vez que él llegaba a casa y tu corrías a esconderte. Ver tu rostro lleno de temor me ponía a temblar, tiritaba cada parte de mi ser y el dolor que sentía al verte así era tan fuerte, que podía sentir cómo mi corazón quería salirse de mi piel y dejar de latir. Pero no, tú no me enseñaste a huir, fuiste tú quien me enseñó a enfrentar la realidad, a luchar y teníamos que luchar juntas, ya que éramos todo lo que teníamos.

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No existe dolor más grande que el de ver sufrir a quien más amas en esta vida. “No hay dolor que dure toda la vida”, esas eran tus palabras y nuevamente tenías razón. Ahora, después de lo vivido, puedo mirarte a los ojos y decirte “mamá, la prueba está superada”. Te amo con todo mi corazón. Gracias por hacer de mí una gran mujer y por enseñarme que la mujer no tiene por qué sufrir violencia de ningún tipo.

Alegremente, cuando alguien me pregunta sobre el amor de mi vida, sonrío y digo orgullosamente tu nombre. ¡Gracias mamá!

Imágenes de We Heart It.