Por Laura Silva
10 junio, 2015

Ver cómo salió adelante cuando su vida pendía de un hilo, me hizo aún más fuerte.

Mientras observo a mi hija correr por el jardín con sus hermanos, me sobresalto. Se cae al tropezar con un juguete que estaba tirado, y mi reacción es levantarme de inmediato. Pero me quedo en el mismo lugar, sé que está bien. Como si fuese ayer, mi mente se devuelve al momento en que nació.

Hace seis años que nació mi pequeña, la única mujer que me acompaña en este clan que llamamos familia. Y lo difícil que fue ese momento… no es nada comparado con todo lo maravilloso de tenerla frente a mí.

Mi hija nació un mes y medio antes de lo que estaba planificado. No es que haya sido rebelde al comienzo, pero ella y mi útero no se llevaban bien. Tuve demasiadas complicaciones en mi embarazo. No tan graves, pero seguidas. Hasta que un día mi cuerpo no dio más, y fue como si expulsara por convivencia a la segunda de mis hijos. Mientras me sentía terrible camino a la operación, sentía una gran culpa por que nuestros cuerpos no se llevaran bien, como si alguna parte de mí no la quisiera. Pero borré esos pensamientos, y supe que mi hija estaba más a salvo afuera que adentro de mí.

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Fuente.

Tener un niño se resume bien con la palabra aprendizaje. Pero tener un niño prematuro… pues, creo que incertidumbre es lo que más lo puede definir. Al cuadrado. Todo se intensifica, desde el amor hasta las preocupaciones, y no es para menos, tienes a un pequeño ser que tiene números negativos como días de vida, y ya está luchando por sobrevivir.

Mirar a través de un vidrio lo que deberías estar sintiendo dentro tuyo, genera un desconsuelo terrible. Sumado a la culpabilidad, sentía que no había nada que pudiera hacer, estaba impotente, solo podía otorgarle el mejor cuidado médico que estuviera a mi alcance.

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Durante un mes mi pequeña estuvo en incubadora. Yo iba todos los días, dormía en la sala de espera, no podía dejar de pensar en ella. Miraba asombrada su proceso, cómo un cuerpo tan pequeño tenía tamaña fortaleza. Y es por eso que hoy siempre pienso que no me puedo preocupar por ella más de lo que debo… ya pasó por más de lo que podía imaginar, venciendo los malos pronósticos, saliendo adelante por su vida.

Cada día de vida es uno nuevo, y los tres días de nacimiento de mis hijos me han llenado de un amor inimaginable. Pero el día en que nació mi pequeña, prematura, indefensa, sin saber nada de la vida y salió adelante, realmente este fue el momento en que me cambió la vida, en que sentí que el alma me pendía de un hilo, pero decidí seguir por ellos, y por eso quise tener otro hijo más. Nada me vencerá en protegerlos, en protegerla… aún la miro y la vio tan frágil como ayer, pero sé que es el doble de fuerte que cualquier chica normal. Así es.

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