Por Laura Silva
12 junio, 2015

Él es responsable de todo lo que soy.

Ningún ser humano es inmune a los malos momentos que podemos pasar en la vida, pero depende de cada uno cómo lo enfrentemos y manejemos la situación.

Como yo lo veo tenemos dos opciones: ahogarnos en la preocupación y hacer de los obstáculos un real muro que no queremos pasar, o salir adelante. Y es mi papá el que me enseñó que siempre tenemos que tomar la segunda opción.

No por nada especial, su vida ha sido normal, con las pruebas que cualquier otro ser humano podría tener. Pero desde pequeña, recuerdo que frente a cada problema, él sacaba la cara. Una vez, rompí un juguete de mi vecina cuando tenía unos 10 años. Era una muñeca realmente bella que mis padres no me habían podido comprar, y una tarde que compartíamos jugando, fui con ella al cuarto de baño y la golpeé de una manera, que la rompí. Luego de eso sentí mucho pánico y decidí esconderme en el armario de mi habitación.

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Fuente.

Cuando ya había pasado un tiempo (para mí una eternidad, quizás fueron unos minutos) escuché que mi padre gritaba mi nombre en mi búsqueda, junto con mi vecina. Mi padre finalmente me encontró, y despachó silenciosamente a mi pequeña amiga, sin dar aviso de que yo estaba ahí. Le conté mi problema, que me parecía lo peor que había vivido hasta entonces. Yo solo quería enterrar la muñeca y de alguna manera excusarme con que el perro la habría cogido. Pero mi padre me instó a contarle a mi vecina, quien se fue triste pero callada. Pensé que mi amiga nunca más me hablaría, y pensaba en quién jugaría conmigo durante las tardes, pero él me dijo que pasaría con los días.

Y así fue.

Es un ejemplo muy básico, pero así ha sido siempre con todo. Cada problema, pequeño o grande, me ha motivado a salir adelante y enfrentar las consecuencias. A fortalecer mi carácter hasta aprender mi lección, hasta aprender que el dolor me importe menos, y ser resiliente. A no vivir de quejas frente a lo dura que puede ser la vida de vez en cuando, y es una de las lecciones que más aprecio tener.

Mi padre es un hombre fuerte, y agradezco que haya decidir compartir esa cualidad conmigo y mis hermanos. Nos ha hecho grandes personas, o en el camino hacia lograr ser como él algún día.

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