Por Candela Duato
6 febrero, 2015

Este artículo fue originalmente escrito por Ashley Mcdonald para Huffington Post.

¿Sabes que los perros grandes como los Pastores Alemanes desarrollan problemas en la cadera cuando envejecen? En sus últimos años, empiezan a cojear. Correr o coger una pelota se vuelve cada vez más difícil, y eventualmente apenas pueden caminar y tienen un gran dolor.

Este desorden que se llama displasia (la articulación de la cadera no se forma bien), y no es exclusiva de los perros. De hecho, yo nací con ella en mi cadera izquierda. Y debido a que el doctor no lo notó en su momento, tuve que pasar por cuatro grandes cirugías a las edades de dos, dos y medio, cinco y seis años de edad. Estuve en tres yesos de cuerpo entero durante alrededor de veinticuatro semanas, y luego en una silla de ruedas por ocho semanas. 

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Cuando tenía nueve, mi madre me dio una botella con aceite de vitamina E para colocarlo en mis cicatrices por las noches y así hacerlas desaparecer. Aunque el morado es mi color favorito, no pensaba que mis cicatrices moradas eran atractivas o bellas de ver, yo pensaba que eran horribles. Ahora estoy en mis veinte, pero aún recuerdo esa botella café apoyada en mi mesa de noche. Quisiera poder volver en el tiempo y decirme a mi misma que ni el mejor aceite del mundo hará que mis cicatrices desaparezcan, pero aún más importante, que llevar esas cicatrices es un honor. Tratar de quitarlas es como tratar de borrar mi historia.

Aunque era una chica activa, la cantidad de deportes en que podía participar (y ser buena en ellos) eran pocos. Mi cirujano ortopédico me advirtió que no pusiera demasiada presión en mi cadera, pero yo quería demostrar que podía hacerlo todo. Y aunque terminé última en cada una de las competencias, seguí corriendo hasta en la última carrera de la temporada. Comencé a nadar, y era realmente buena. El único problema era que todo el mundo miraba mis cicatrices cuando andaba en traje de baño.

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Ahora soy estudiante de último año en la Universidad y ya no nado, pero mantengo esa seguridad que el nadar me dio. Se que la gente me preguntará:“¿Qué pasó?”cuando me vean en verano utilizando pantalones cortos o traje de baño, mientras apuntan a mis cicatrices. Pero no hay necesidad de sentir timidez, yo no me siento menos hermosa por ellas. Las veo como un símbolo de mi fuerza de voluntad, prueba de mi resistencia. Soy un hueso duro de roer. Y además, siempre he buscado destacarme entre los demás y creo que mis cicatrices me ayudan con eso.

Hace poco le mandé a un chico la foto que sale más arriba. “Es una belleza,” dijo él. “Como arte, ¿sabes?”

Ahora cuando veo a alguien con grandes o evidentes cicatrices, pienso en su espíritu. Pienso en cómo él o ella debieron haber experimentado algo difícil e incluso traumático, y sobrevivieron. Para mí, esa es la cualidad más atractiva que alguien puede poseer: un optimismo inquebrantable, poder, coraje, y fortaleza. Para mí, esa cicatriz es una marca de belleza.

Visto en Huffington Post.

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