Nos vamos absorbiendo por el mundo digital y cambiando nuestra manera de conocer al resto.

Últimamente vivimos de manera fiel la premisa que entre más información se tiene, menos informado se está. Pero esto, aplicado a cómo nos comunicamos y relacionamos con el resto.

Tenemos cientos de herramientas y vías para ponernos en contacto con personas de cualquier parte del mundo, en cualquier horario, sin límites. Pero mientras más de esto tenemos, es que al parecer perdemos la capacidad de hacer de estas conexiones, interacciones de calidad. En especial, nos encerramos en el mundo de los mensajes textuales, dejando de lado la comunicación oral.

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Las reuniones y encuentros cara a cara muchas veces parecen una pérdida de tiempo, en un mundo que va tan acelerado que apenas nos deja respirar. Vivimos con el móvil pegado a nuestra mano, en un deseo urgente por estar al tanto de todos y todo en cada minuto. Pero todo vía escritura, lo que muchas veces nos deja con el proceso incompleto. Tiene un gusto distinto estar frente a una persona, o escucharlo en vivo.

Hay más opciones, como video llamadas, de tantas maneras. Lo que más se utiliza de todos modos, es el texto. Y así se van configurando nuestras relaciones, que, en cierta manera, tienen por eso mismo algo menos. El valor agregado se esfuma. Ni siquiera nos damos cuenta, porque estamos rodeados de estímulos y eso nos llena lo suficiente.

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El teléfono lo vemos como algo casi retro, como si estos años avanzaran más rápido, dejando el paso a objetos que no son antiguos, en el pasado. Cuando solo nos comunicamos a través de texto, todas las veces, sin hacer excepciones a menos de que sea para “emergencias”, nos estamos perdiendo de algo. De expresiones que nos permiten conocer a las personas, de tonos de voz que quitan malentendidos de por medio, de observar la esencia de quien está frente a nosotros.

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No estamos hablando, no es una acción espontánea y que está sucediendo en el momento. Eso debería ser nuestra comunicación de emergencia. Y nos dejamos estar en este sentido, así como a quienes con quienes, de alguna manera, interactuamos. De a poco, nos estamos transformando en otro tipo de seres sociales. En una nueva especie, con una nueva manera de expresión.

Muchos podrán decir que no es dañino. Pero a la larga, yo creo todo lo contrario. Y como dije antes: hay que salir y vivir más, el cara a cara. Ocupar más nuestros sentidos, y además, nuestro hablar.

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