A pesar de la distancia y los problemas, estaré aquí para ti.

Durante estos cortos – ni tanto – años que has tenido de vida, has llenado de luz y alegría cada lugar al que vas.

La triste historia es que no siempre he podido estar ahí para ti. Entre disputas familiares y complicaciones de adultos, no he podido disfrutarte. No te conocí al nacer, apenas te vi en tus primeros años. No sé cuándo diste tu primer paso, ni cuál fue tu primera palabra.

Recuerdo haberte visto cuando eras muy pequeña, pero yo también lo era. Era inmadura y estaba cegada por la visión que me habían dado de ti, como una sorpresa no bienvenida, una mala broma que alguien quería gastar. Dejé que mi adolescencia me nublara la vista, para que nadie me quitara el puesto de niñita de papá. Ni siquiera sabía que venías y que te vería. Apenas te conocí, y salí corriendo.

hermanas3Fuente: We Heart It.

Los siguientes años no fueron distintos. Los problemas de nuestros padres bloquearon el contacto. Y así seguí creciendo, sin pensar en que tenía una hermana pequeña a quien cuidar, y a quien ver crecer. Hasta que Dios nos quiso volver a juntar, yo ya más madura, y tú ya una niña con carácter y una impresionante personalidad.

La emoción de poder volver a encontrarnos, o en realidad comenzar a conocernos, a forjar un vínculo, es algo que aún me sobrecoge. Pero es difícil, pues no vivimos en el mismo lugar. Todos los años lejanos me pasaron la cuenta y no te he integrado a mi vida como debo, ni me he integrado a la tuya. Hace poco fue tu cumpleaños, y pensaba en eso. Que no hay nada más que quiera que estar ahí contigo ese día. Que no podía creer que habiéndome acordado, olvidara llamar. O no pensara en ir a verte, o que no habíamos hablado en meses.

hermanas4Fuente: We Heart It.

Soy una mala hermana contigo. Ya no quiero eso, pequeña. No quiero que crezcas sin recuerdos de hermanos que sí tienes, y que se han comportado mediocremente como lo he hecho yo. Quiero conocerte, conocer tu complejidad y verte crecer. Ayudarte cuando sea necesario, que me cuentes lo que piensas y cuáles son tus sueños. Aprovechar lo que te queda de niñez, explorar contigo la adolescencia, invitarte a mi casa y acogerte cuando te creas rebelde y quizás discutas con tu mamá.

No hay nada que quiera más, y es lo que he pensado luego de llamarte tan pobremente, un día después de tu cumpleaños. Quiero ser una buena hermana, no por sentirme bien conmigo misma, sino por poder darte lo que necesites de mí. Que si seré una mala hermana, tengas esa impresión, pero no un fantasma, alguien que está medio ausente o medio presente. Pues eres una criatura maravillosa, mereces más de mí, y quiero jugar todas mis cartas acá.

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