Por Valentinne Rudolphy
20 abril, 2015

Si tus horas de sueño no te parecían tan valiosas, es hora de que vuelvas a planteártelo.

Hay procesos que son muy importantes para nuestro cuerpo, como hidratarnos, comer y, por supuesto, dormir.

Pero muchas veces no conocemos por completo cómo hacer algo que nuestro organismo ve como esencial. En el fondo, le llevamos la contraria a la naturaleza con los hábitos de sueño que tenemos. Durmiendo pocas horas, o padecemos insomnio, o nunca despertamos con la sensación de descanso.

Noche a noche necesitamos al menos ocho horas de descanso, es lo que establecen los expertos. Requerimos de este mínimo de horas por noche (¡no por día, pues no es lo mismo!) para mantener nuestra capacidad cognitiva al máximo, así como también el nivel de atención que tenemos y nuestras habilidades motoras. Esto en jóvenes y adultos, pues tanto en infantes como en adultos mayores, la cantidad de horas puede variar entre las 10 y 11, y en adolescentes, se recomiendan 9 horas.

Solo con que un día no duermas esta cantidad, todo tu sistema se desajusta. El sueño se va acumulando y, mientras más días pasas sin dormir adecuadamente, más va aumentando la deuda con tu cuerpo. Y nos pesa, para que lo notemos.

dormir  Fuente: We Heart It

En general no percibimos mucho las consecuencias de un día con menos horas de sueño. Más aún cuando dormidos «pocas» horas menos: de 6 a 7. Al otro día no nos parece tan terrible, pero sí lo es.

Dormir mal implica sí o sí un peor rendimiento a la hora de hacer algo. Sea que trabajes o estudies, te va a pesar, más cuando debes quedarte tiempo extra por algún motivo sorpresivo. Esto lo pueden notar más quienes tienen tareas que requieren más esfuerzo mental o «pensar», pues si es una labor automática, tu cerebro la ejecutará de mejor manera que si debes escribir un ensayo de 10 páginas sobre la revolución de una tribu virgen de la selva amazónica.

¿Cómo funciona todo cuando cerramos los ojos?

Nuestro sueño se divide en dos etapas: el sueño en ondas lentas y la vigilia.

1. El sueño de ondas lentas (también conocido como sueño profundo) es cuando el cuerpo se relaja y tiene una respiración regular y un cerebro menos receptivo, por lo que aún es más fácil despertar. Esta es una fase clave para reparación del cuerpo, ya que la glándula pituitaria comienza a liberar la hormona del crecimiento y repara los músculos. También se cree que el sistema inmunológico es reparado en esta etapa.

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2. El sueño REM (REM, sigla en inglés que significa movimiento rápido del ojo): acá es cuando tu cerebro cobra vida propia. Se reorganiza toda la información recogida durante el día, limpiando lo irrelevante y aumentando la memoria al conectar experiencias pasadas con las de las ultimas 24 horas. Esto último facilita aprendizaje y crecimiento neurológico. Este proceso ocurre de tres a cinco veces por noche, asociándose cada una a un sueño (creación imaginaria).

Sin estas dos fases esenciales, el cuerpo empieza a «morir» de a poco, porque no puedes recuperarte físicamente y se debilita tu sistema inmune. Lo que sucede es que tu cerebro se nubla, aumentando tu riesgo a infecciones, aumento de peso, diabetes, presión alta y muchas más enfermedades. Estos dos están regulados por el ritmo circardiano.

Para «recuperar lo perdido», es tan simple como dormir unas nueve o diez horas a la noche siguiente. Por eso es difícil cuando vas acumulando semanalmente horas sin dormir. Al subir la cantidad de horas, tu organismo pasa más tiempo en sueño REM, y puede recuperarse lo necesario para volver a rendir al 100%. Pero debes ser consciente de que hay un límite de recuperación.

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Si tú eres una de esas que tiene problemas a la hora de dormir, y crees que recuperar estas horas y tener una rutina sana es demasiado difícil, te damos ciertos consejos que te pueden ayudar:

1. Dale a tu habitación un uso exclusivo: Mientras tu pieza sea tu sede multi propósito, hallarás menos descanso  en ella. Debe tener el ambiente ideal para ser un espacio de descanso. Intenta eliminar en gran parte los aparatos electrónicos, y decóralo de manera que te parezca un espacio agradable y acogedor.

2. Elimina la cafeína de tu dieta: no necesariamente antes de dormir. Sácala en general, o no tomes nada de café luego del mediodía, para que tenga tiempo de desaparecer de tu organismo antes de que te duermas.

3. Toma un horario regular: genera una rutina y planifica un horario en el que todos los días debes estar acostada. Y cíñete a esto.

4. Prepara el ambiente: cada uno sabe qué cosas te parecen más cómodas para la hora de dormir. Puedes cerrar las ventanas una hora antes para regular la temperatura, el sonido, y hacer una especie de ritual para que tengas las condiciones óptimas para acostarte.

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