Por Laura Silva
25 mayo, 2015

Estoy mejor sin ti que contigo, y quiero mantenerlo así.

Quizás soy yo, es posible que no esté hecha para tener relaciones, menos relaciones duraderas. No le temo al compromiso, creo que aún no soy lo suficientemente madura como para poder aceptar que debo soportar a alguien junto a mí, y todos sus defectos y virtudes. O quizás fue una mezcla de malos factores entre tú y yo.

Puede ser que hayan sido tus celos, tu mal humor al hablar en la semana, la poca tolerancia ante una persona ambivalente como yo. Porque si no fuiste lo mejor que pude tener, fue por mí. Porque tampoco me di en mi máximo potencial. Entonces repito: fue una mala combinación. Realmente me era difícil soportar la frustración que me daba cuando estaba junto a ti. Y eso hacía crecer los celos, y la falta de respeto, el poco cariño en cada una de nuestras palabras. Una cosa alentaba la otra, y caímos en un ciclo que no podíamos detener.

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@mimielashiry.

Ni tenía en vista a otro hombre, ni lo tengo ahora. De verdad nunca te podría haber engañado. Aunque casi nos habláramos y besáramos al estar juntos, sabía que estábamos en un compromiso. Nunca habría violado esa regla dorada, solo estaba aburrida de nuestra casi inexistente rutina. Me volví insoportable y lo reconozco, pero nunca se me pasó por la cabeza el cortar por esto. Pensaba que en algún momento iba a cambiar, aún si no estaba segura de que eso es lo que quería.

Cuando por fin hablamos y decidimos terminar, fue peor de lo que pensaba. Cualquier otro término hubiese sido más amable que este, tan frío y hastiado que queríamos escapar ya el uno del otro. Sin despedidas ni palabras bonitas, a lo más esbocé un «que te vaya bien», y te fuiste. Yo también creía que era lo mejor para ambos, el aire entre nosotros ya era solo nebulosa y de una u otra manera, en la frustración, nos terminaríamos haciendo daño.

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Melina Marti.

Desde entonces, comenzó mi vida real. Salir de esa situación que me ahogaba hizo que pudiera comenzar a conocerme a mí misma y vivir la vida que tenía frente a mí. No puedo creer el tiempo que gasté, y que le hice gastar a mi pareja de entonces. No fue culpa de él nada de lo que pasó, solo no supimos identificar cuando era el momento de decir adiós, dejando que se pudriera todo.

Hace poco lo vi de nuevo y me alegré. Vi lo bien que estaba, y que seguro le había pasado lo mismo que a mí. Al fin era libre para hacer lo que deseaba, y se arrepentía de haber transformado una bella relación en una mala experiencia. Los dos éramos muy jóvenes y fuimos muy egoístas. Pero de todo aprendí, y al fin, pudimos despedirnos como debía ser. Con un hasta pronto y una sonrisa en la cara.

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