Colaboración por Elizabeth López Caballero
Elizabeth López Caballero es maestra de la Especialidad de Audición y Lenguaje y Coach Social. Sus primeros pasos en la literatura los dio como lectora apasionada, lo que la fue llevando a alternar su afición por la lectura con la escritura.

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Nunca fui alguien a quien le gustaran las normas ni las leyes. La verdad es que creo que a nadie le gustan pues al final todos las predican pero nadie las practica. Yo soy de aquellas que se ilusionan y reilusionan cuando nadie más lo hace, cuando ya no hay esperanzas. Soy de creer en lo que nadie cree y de luchar en batallas perdidas, de confiar en lo imposible y desconfiar de lo posible. No me gustan las normas pero sí los decálogos, esos que me dicen sólo a mí lo que tengo que hacer.

Hace poco acabó un nuevo año y muchos objetivos se quedaron en él. Sueños atrapados en los hilos de la cobardía. Quedaron corazones vagando rotos (rotos, no muertos) donde el exceso de amor ha separado en lugar de unir. Al parecer se olvidaron de poner en el prospecto que tomar las decisiones adecuadas no garantiza el olvido ni el desamor. Como ven, no hay reglas para nada.

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Piensen en esta como nuestra última oportunidad de cumplir aquello que prometimos mientras comenzaba un nuevo año, mientras nos atragantábamos con las uvas y vibrábamos con las doce campanadas. Es nuestra última oportunidad de ser fieles a lo que deseamos hace tanto tiempo, todavía no es tarde. Ponte las pilas, súbete a los patines, abre la ventana y grita… Yo ya lo hice y aquí tengo mi decálogo:

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1. Prometo no desquererte (aunque tú no lo entiendas).

2. No dormir nunca y soñar siempre.

3. Amar muchísimo a todos aquellos que me odian.

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4. Escribir cada día de mi vida (de todas mis vidas).

5. Perdonar lo imperdonable y entender lo ininteligible.

6. Hablarle a la luna cada noche aunque sólo me responda con un guiño, y dibujarla a diario en mi rostro  a modo de sonrisa.

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7. Llorar, pero no ahogarme en mis propias lágrimas.

8. Proporcionar la medicina del alma (la que no se vende en farmacia ni recetan los médicos) LOS ABRAZOS, pienso abrazar a todo aquel que me lo pida y así abrigar sus penas.

9. Empezar de cero cuantas veces sea necesario y si pierdo la cuenta volver a empezar.

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10. SERME FIEL, aunque me invada la tristeza y me azote la soledad… aunque viva de recuerdos y me alimente de «ojalás».

Te quedan pocos días, suficientes horas y muchos sueños por cumplir. ¡Arriesga!