Por Candela Duato
23 diciembre, 2014

A esa tonificada mujer que vi en el mercado, asumo que recuerdas quien soy. Era la pelirroja de 90 kilos que se veía como si acabara de despertarse. Estaba comprando algunos vegetales para mi cena, tal como tú. Estaba revisando mi lista de compras en mi teléfono, asegurándome que había comprado todo lo necesario. De hecho, me reí cuando mi hija me mando un mensaje de texto divertido.

Te noté a mi lado con tu amigo. Pensé que tus pantalones de yoga eran lindos, de hecho, necesito comprarme un par de pantalones de yoga nuevos.

Así que, probablemente, pensaste que porque estaba mirando mi teléfono no podía escuchar lo que pasaba a mi alrededor. Bueno, la verdad es que sí. Soy bastante talentosa. Puedo leer un mensaje de texto y escuchar cómo me insultan al mismo tiempo, es mi superpoder.

Así que pude escuchar muy bien lo que dijiste sobre mí cuando pensabas que no escuchaba.

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Le dijiste a tu amigo lo triste que era que tuviese este tamaño. ¿Para quién es triste?

Le dijiste a tu amigo lo bueno que era que alguien como yo estuviese comprando vegetales «para cambiar sus hábitos”.

También asumiste que no me importa mi salud.

Así es, escuche cada una de las palabras que le decías al tipo atlético con el que comprabas. Los escuché reírse de mí y decir algo así como que debería comprarme un espejo para ver cómo me veo realmente.

No tiene mucha importancia pero, ¿qué hubieses opinado de mi si me hubieses visto hace 7 meses? En ese tiempo, pesaba más de 135 kilos.

E incluso en ese peso, andaba todo el día corriendo de un lado para otro con mis cuatro hijos. No me odiaba, comía vegetales y tenía un espejo: Aquí hay una prueba de ello.

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No sabes nada de mi vida así que no hay necesidad de que sientas tristeza. ¿Por qué? ¿Por qué peso más que tú? ¿Por qué sientes que tú vida es mejor que la mía porque tienes unos lindos pantalones de yoga?

Créeme cuando te digo que todo el mundo puede conseguir un par.

Y tengo que decirte que aunque me molestaron tus comentarios, no lograste enojarme. Aunque intentaste avergonzarme por ser gorda hasta llegar al punto de la humillación, no lograste lo que querías.

Pero la próxima vez, guárdate tus comentarios para ti misma.

Respetuosamente,

Joey

Visto en Huffington Post. 

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