Por Valentinne Rudolphy
17 julio, 2015

La experiencia puede enriquecernos, pero cuando la ingenuidad manda, tiene un valor distinto.

Podemos creer lo contrario, pensar que el amor verdadero se da con la madurez, y eso no se dará de inmediato en la adolescencia. Pero no quiero hablar sobre el amor verdadero, quiero hablar sobre el amor inocente, y ese es el que viene de la mano solo de aquellos que aún no tienen tantas experiencias, alegrías y penas, en su corazón y en su cabeza.

Cuando nos enamoramos con los años, quizás no tantos como pensamos, ya tenemos más “exigencias”, más cuidado, somos más meticulosos y nos comprometemos más, pero también ponemos condiciones. Condiciones que no son malas, como que no nos pasen a llevar, que no nos dejaremos humillar, que hay un límite.

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Pero en la adolescencia, o en los años previos a esta, comenzamos a sentir atracciones y todo parece más fuerte. Más intenso, es como nos sentimos, y nos dejamos llevar de manera más impulsiva. Creemos que lo que nos sucede es demasiado determinante, y que, por sobre todo, tenemos la verdad. Y cuando llega el “amor” a nuestra vida en este momento, es por eso que es totalmente ingenuo, libre de todas las cargas que traemos solo unos años después.

Pensamos que cada mirada nos cortará la respiración, y estamos – fuera de razonamiento – dispuestos a dar todo por la otra persona, aún sin saber si siente lo mismo o no. Cuando pasan los años no siempre creemos que es amor, más bien un enamoramiento. Pero como todo estaba más a flor de piel, más fuerte, y solo éramos jóvenes, pensamos que se trata de eso. Para nosotros, entonces, es amor.

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Sabino Aguad.

Es la entrega y dedicación en su estado más puro. Es muchas veces irracional, pero en ello está su belleza: no lo piensa, solo se entrega. Por eso, aunque hoy sepamos que no estábamos enamoradas, sabemos que fue algo hermoso de sentir. Es una sensación vulnerable, más que todas las otras que podrás experimentar, pero al mismo tiempo te da una fuerza sin igual. Dispuestas a cruzar el mundo a pie descalzo si es necesario, ¿quién no se ha sentido así?

Puede ser con la misma persona o con otra, pero con el tiempo vamos creciendo y ese sentimiento se va enriqueciendo y va en constante maduración. Es hermoso también. Pero definitivamente no hay nada tan lindo y puro, y sin maldad, como el amor que sentimos en nuestros años de jóvenes. No tiene comparación.

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