Por Candela Duato
14 enero, 2015

Este artículo fue originalmente escrito por  Brooke Takhar para Scary Mommy.

Mientras a mi suegra la devoraba la impaciencia y cada mamá bloguera que yo seguía, posteaba fotos de sus fetos ya en ropa interior, yo tomé el enfoque relajado de preguntarle casualmente a mi hija de vez en cuando: “¿oye, quieres dejar de hacerte caca en los calzones y usar el baño?” Su respuesta llegaba luego de una larga pausa: “No gracias mamá”. Y así seguíamos.

He aquí algo que nadie te cuenta: una niña de tres años no puede limpiarse su trasero correctamente.

De hecho, no estaba ocurriendo.

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Ni siquiera estaba familiarizada con el papel toilette. Una vez le pedí que sacara papel y lo preparara para limpiarse. Ella, en forma meticulosa, sacó un cuarto de un cuadrado, lo apretó hasta hacer una pelota, y luego usó eso para limpiarse el trasero. (Lo perdió en el abismo y usó su mano para mover la caca desde el punto A -su trasero-, hasta el punto B -sus manos). Y después de eso no se las lava. Y toca mi cartera, y la pared y el sofá…

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Lo admito, me atraganté. Luego me reí. Extraño los días en los que simplemente limpiaba un trasero pequeñito y hacía un apretado paquete con el pañal usado para que se fuera a la basura. 

Así que la semana siguiente me pongo radical: ella vuelve a los pañales. Es parte de mi nueva técnica parental que estoy patentando. Cuando escriba un libro acerca de todo esto, voy a hacerme tan rica que cuando mi hija entre al colegio podrá contratar su propio limpiador de trasero.

Es un sueño, pero así comienzan las grandes realidades.

 Visto en Scary Mommy.

 

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