Por Valentinne Rudolphy
27 marzo, 2015

Hay grandes sacrificios y decisiones para poder escoger la mejor opción en la crianza de tus hijos.

Este artículo fue originalmente escrito por Allison Carter para The New York Times.

Me miró desde el otro lado de la mesa y me dijo, “Bueno, eres afortunada de tener el lujo de quedarte en casa”.

Era la octava persona en hacer la misma declaración en el curso de una semana. El número ocho, aparentemente, es la paja que rompió la espalda del camello. O por lo menos de este camello.

Mi cuñada, también madre y siempre un barómetro de los sentimientos que la rodean, presintió mi edificio de presión. “Quedarse en casa no es un lujo”, dijo. “¡Es trabajo duro! Del trabajo más difícil que conozco”.

Suspiré. Luego mis hijos se acercaron a la mesa, uno demandando a viva voz que su tren vuelva a situarse entre las vías y el otro solicitando ayuda para ir al baño simultáneamente. Decidí simplemente alejarme. Agradecí la defensa de mi cuñada, claro, pero no era lo que yo estaba por decir.

parents

De todas formas odio cuando la palabra “lujo” se utiliza para definir mi rol como ama de casa. Pero no por las razones que podrías pensar.

No estoy aquí para discutir sobre quién trabaja más duro: si una madre que trabaja o una que se queda en casa. Defiendo firmemente mi creencia de que es duro para todos. Lo que me provoca son las implicaciones financieras y de estilo de vida que esta declaración conlleva.

Lujoes una palabra cargada. Sí, es absolutamente verdad que mi esposo y yo somos muy afortunados porque él ha sido capaz de asegurar y mantener un trabajo que puede pagar la vida de todos nosotros. Estoy consiente de que hay muchas familias que requieren de un ingreso doble para sostener exitosamente las necesidades básicas de sus hijos. Criar hijos es costoso y cada vez más y, para muchas familias, la ecuación financiera es difícil.

Así que, en algunas formas, sí, somos afortunados de que puedo quedarme en casa. Pero el lujo es un punto no esencial. Un exceso. Lo que yo hago es esencial, y desde luego que no me permito excesos.

parents2

Si mi familia política y yo nos sentáramos y pusiéramos las cosas sobre la mesa, tendría algunas cosas que decir sobre la naturaleza “lujosa” de nuestra vida. Mi esposo y yo hicimos planes y arreglos para poder costear uno de los dos se quedara en la casa. Tomamos decisiones difíciles sobre lo que necesitaríamos hacer cuando uno de nosotros dejara la fuerza laboral. Con eso asegurado, en mi hogar vivimos con lo justo y necesario. Somos felices, tenemos abrigo, salud y alimento. Pero el hecho de que podemos costear que yo me quede en la casa, es el resultado de decisiones y elecciones consientes, no del lujo.

Las ocho personas que me hicieron este comentario recientemente no están luchando por tener pan en sus mesas tampoco. Esas no son las familias intentando mantener la calefacción encendida o buscando monedas entre los cojines del sillón para poder comprar leche. Puedo estar equivocada en una o dos instancias, pero en la mayoría de los casos, si así lo deciden, esas familias podrían subsistir con solo un ingreso también. Un estudio publicado recientemente, demostró que las familias con los niveles más altos de ingresos domésticos gastan tanto como el doble por niño en comparación con las familias con los niveles de ingresos más bajos, y esos gastos extra se van primariamente hacia la educación (y los números excluían gastos universitarios) y costos de vivienda (el no compartir dormitorios para los niveles de ingreso doméstico altos, por ejemplo). El doble. Es decir, el valor de dos salarios.

parents4

Entonces, ¿por qué soy yo un lujo mientras que las casas más grandes, con mejores códigos de área, vacaciones y otras cosas que nosotros hemos decidido dejar de lado son de repente “necesidades” que demandan un segundo ingreso?

Hemos cancelado el cable y nuestro teléfono fijo. Tenemos muy pocos aparatos digitales y nunca son los más actualizados, ni los mejores. Nos limitamos en gastos de escuelas de verano, clases y salir a comer. Tenemos una buena televisión, ahora cercana a los 10 años de uso y no es para los niños. Esto es lo que nosotros hacemos, esto es lo que funciona para nosotros, y estos son los sacrificios que hacemos para que podamos encontrarnos donde estamos.

No todos eligen tener una familia de dos carreras por razones materiales. Pero la gente que dice que su elección de trabajar tiene que ver con la pasión hacia su carrera, o por que simplemente prefieren trabajar, raramente son aquellos de desestiman mi vida como si fuese excesiva. Son simplemente amigos que han tomado distintas elecciones.

parents3

Pero aquellos que me definen como un “lujo”, mientras gozan de bastantes lujos que nosotros hemos sacrificado, me frustran. Las de nosotros no son las elecciones de todos. Pero podemos estar de acuerdo en que, para mucho de nosotros, son las elecciones que son posibles gracias a sacrificios consientes, no a la riqueza.

En nuestra sociedad, hay muchas elecciones diferentes para los padres. Al final, un padre feliz es lo que hace una familia feliz. No se trata de quién se queda en casa o quien va al trabajo durante quizá cuántas horas.

Una familia feliz –o con su felicidad prolongada –es la que toma las decisiones de cuándo el trabajo es para ellos y respeta las elecciones de otros. Y esto significa evitar el uso de palabras cargadas, como “lujo”, que minimizan las decisiones y sacrificios involucrados en las elección de cualquier otro.

Visto en New York Times & Imágenes de We Heart It.

Puede interesarte