Por Andrea Araya Moya
9 abril, 2015

“No me puedes decir que no piensas que otros chicos también son sexies».

Este artículo fue originalmente escrito por Emily Goulet para Huffington Post

Cuando una tienda que no es cadena nacional se abre en nuestro pequeño pueblo es noticia. Entonces, cuando un local de cerveza artesanal con iluminación sexy y sillas de asiento bajo abrió a sólo minutos de nuestro hogar, mi esposo y yo nos alegramos mucho. Nos hicimos clientes frecuentes de inmediato.

Resulta que el dueño de este bar “demasiado cool para los suburbios” es muy guapo. Realmente guapo. Recién lo noté cuando mi esposo y yo nos juntamos en el bar una tarde con mis padres. Mi madre giraba torpemente su cabeza todo el tiempo hacia el dueño de una manera tan extraña que parecía que estaba teniendo una convulsión, mientras decía: “¿Para tu hermana? Sería lindo para Ali, ¿no crees tú?” Ahí es cuando lo vi y me di cuenta de que sí, sería muy lindo para Ali, porque él es realmente muy guapo.

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Debí haber quedado boquiabierta, porque, cuando por fin dejé de mirarlo, mi esposo me estaba mirando de vuelta, con sus cejas levantadas. “¿En serio, nena?” me dijo. “O sea, ¿podrías ser un poco más obvia?”.

“¿Qué quieres que te diga? Es sexy, ¿cierto mamá?”. Pero ella estaba perdida en sus pensamientos, sin duda alguna planeando el matrimonio de mi hermana en su cabeza. Y luego, yo seguí hablando, casi como un fluir de la conciencia: “En serio, es realmente guapo. Además, hace cerveza.”

Entonces, mi madre se inclinó, vigilándolo y comentó: “Solía vivir en Australia». Por supuesto que vivió allá. “¿Tiene acento?”, pregunté. Parecíamos un par de adolescentes hablando sobre los chicos de la banda One Direction.

“Gracias, nena», dijo mi esposo con un aspecto un poco dolido.

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“No te preocupes por eso», me dijo una amiga cuando le transmití la historia. “Sólo porque estén casados no significa que no puedes encontrar guapas a otras personas. De hecho, yo pienso que cualquiera que tiene una relación normal y saludable debiera ser capaz de comentar si piensa que alguna otra persona del sexo opuesto es atractiva. O sea, ¿qué vas a hacer, dejarlo por un tipo sexy cualquiera que está al otro lado de la calle?”.

Ella tenía razón. Mi esposo y yo confiamos en nuestro matrimonio y no somos personas celosas. O eso pensaba yo, hasta que un fin de semana vimos a una modelo de Victoria’s Secret. Era imposible no verla, tres metros de altura, vestida de calzas negras con una chaqueta negra, sin maquillaje y ridícula e imposiblemente flaca. Yo la vi primero. “Cariño, creo que ella es una modelo», le dije mientras le agarré su chaqueta.

Mi marido, que se encontraba en un estado de zombie hace sólo unos segundos, volvió a la vida. “Estoy en eso». Lo afirmó tan seriamente como si fuera un policía diciendo por la radio que estaba a punto de embarcarse en una persecución de autos a alta velocidad. Yo miraba detrás de un mostrador, mientras que él se paseaba de allá para acá, de adelante hacia atrás, tratando de determinar si era realmente una modelo.

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“No pude verla muy bien», me susurró mientras ella se iba. En ese momento, ambos estábamos agachados detrás de una cama matrimonial. “Pero pienso que era ella. Investigaré más cuando lleguemos a casa. Tiene que ser ella. ¿Viste esas piernas?” Lo miré fijamente mientras se iba, sintiéndome mucho, pero mucho más pequeña, mientras que me prometía a mí misma que haría más ejercicios para que yo también fuese una diosa de la ropa interior. Sin embargo, olvidé todo el incidente hasta unos días después cuando mi esposo orgulloso me mostró el catálogo de Victoria’s Secret más reciente. Había marcado todas las páginas en que aparecía la modelo. Estaba comenzando a odiarla.

“Todo está en las pecas», explicó con total naturalidad mientras yo lo miraba fijamente. Él nunca había pasado tanto tiempo en un proyecto desde, bueno, nunca. “Mira, si ves la página 22, pareciera ser que las borraron, y la chica de la tienda definitivamente tenía pecas«. Me enseñó el resto del catálogo y luego lo dejó sobre nuestra mesa de café con una sonrisa. Juro que sus mejillas enrojecieron.

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Y ahí lo sentí, una punzada de algo que era un poco peor que los celos, algo más parecido a que yo nunca seré ella. Empecé a pensar, si es natural encontrar a otras personas atractivas, además de tu pareja, ¿es correcto hablar sobre ello? Cuando se trata de compartir todo con tu media naranja, ¿en qué momento uno debiera cerrar su boca?

“No me puedes decir que no piensas que otras chicas son sexy«, le dije a mi esposo esa noche, después de decirme que boicotearía el blog si escribía sobre el sexy dueño del bar. “Bueno, supongo que sí, pero no te mencionaría nada», me dijo. Entonces, ¿quién gana? ¿Un punto por franqueza o por tacto?

Mi amiga apareció nuevamente al día siguiente. “¿Sabes qué?”, me dijo. “El chico sexy de astronomía. Él estaba en mi clase de astronomía de la universidad. Solía volver de clases y comentarle a Chris sobre él. Incluso ahora que estamos casados, todavía nos reímos del chico sexy de astronomía».

Creo que existe una delgada línea entre ser honestos y ser hirientes. Quizás yo la crucé. Desde ahora en adelante, me guardaré los comentarios sobre el sexy dueño del bar, o al menos limitar mi tontera a personas de la televisión solamente. Quizás, incluso encuentre un nuevo bar para ir.

Visto en Huffington Post & Imágenes de We Heart It

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