Por Carolina Mila
14 enero, 2015

Los doctores Mark B. Borg, Grant H. Brenner y Daniel Berry explican en el siguiente post por qué necesitas ser capaz de reconocer, y evitar, “las irrelaciones”. 

“Justo cuando la necesitaba de verdad,” dijo Glen, “Vikki desapareció. Me esforcé mucho por cuidarla, pero ya se había ido. No terminó todo en llamas o con una explosión; el final fue un golpe sordo. Quizás eso fue lo peor.”

Vikki se sintió decepcionada y abandonada también. Ambos habían esperando haber encontrado el amor finalmente. Y se esforzaron por cuidar el uno del otro, a pesar de que la forma de Vikki -dejándolo siempre ser quien cuidara al otro como él necesitaba serlo- quizás fue menos obvia que la manera de Glen. Pero todo el cuidado del mundo no podía mantener la relación viva.

Quizás, tal como lo que Glen insinuó, una explosión ocasional podría haber ayudado.

Las relaciones intimas, espontaneas y auténticas son riesgosas -lo suficientemente riesgosas para que muchas personas se escondan de ellas en lo que llamamos irrelaciones. Las irrelaciones son patrones relacionales aprendidos que pueden atormentar a las personas cuyas cuidadores infantiles fueron incapaces de proveer para sus necesidades emocionales- y que incluso pueden haber hecho que el niño se preocupara de sus emociones en vez de las propias. Cuando los padres dependen de un hijo para sostenerse emocionalmente -en vez de sus parejas, amigos, u otros adultos- la entrega de cuidado y el recibir cuidado se confunde con amor.

Final de la historia.

Las irrelaciones

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Una irrelación es una sistema de defensa construido de a dos. Puede parecer íntimo, pero en la realidad está cuidadosamente construido -usualmente sin que los participantes se den cuenta- precisamente para evitar lo abierta, espontánea y recíproca que es la intimidad real, mientras se imponen reglas relaciones y roles de infancia temprana. Tanto Glen como Vikki tuvieron padres infelices y poco atentos. Desesperados por el cuidado que necesitaban, revirtieron los roles y se volvieron los cuidadores a sí mismos, intentando rescatar, arreglar, o apaciguar a sus padres lo suficiente para que estos pudieran finalmente cuidar de ellos.

Una irrelación no es un síndrome, malestar o patología. Es una dinámica -algo que las parejas hacen juntas-, una forma de estar con otra persona, a pesar de que sea de una forma extremadamente limitada. Está controlada menos por el cuidado que los padres tienen el uno por el otro que por sus miedos, y más por el deseo de evitar el peligro que por un deseo de querer establecer una conexión y crecer.

Las irrelaciones es un sistema de defensa sicológico de dos personas, un escudo activo contra la ansiedad que viene con el permitirle a alguien -a menudo a alguien amado- que se vuelva importante en la vida de uno. Es una forma para que las personas puedan estar solas en compañía, para ocultarse a sí mismos cuando el revelar sus almas se siente algo muy peligroso. En resumen, es una forma de esconderse del amor -y de todas las amenazas que vienen con la intimidad, vulnerabilidad y la exposición.

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Las irrelaciones protegen a las personas de la terrible tarea de relacionarse de verdad, ya que si bien las conexiones íntimas prometen cuidado, compasión, y empatía, ellas pueden cumplir esto solo en una promesa de un clima de inversión emocional y de asumir riesgos. Un compromiso profundo y significativo con otra persona siempre es algo impredecible, por lo que el amor no es siempre seguro. Las irrelaciones nos protegen de estos peligros pero esto tiene un alto costo.

Las irrelaciones son una representación cuidadosamente creada de las viejas reglas relacionales que solían mantener la ansiedad bajo control. Una parte da; la otra toma. Uno actúa; el otro aplaude. Uno salva; el otro es rescatado. Uno dicta; el otro cumple -a pesar de que en verdad ambos son igualmente esclavos de los imperativos de su dinámica.

El amor, el cual nunca sigue un guión, no puede crecer bajo tales condiciones. Las irrelaciones no dejan mucho espacio para cosas como la pasión y el deseo. Incluso la mutualidad y la intimidad se subyugan a las reglas del compromiso.

Sin embargo, dentro de este marco general, cada irrelación es tan única como lo es la pareja que la vive.

Visto en Psychology Today y Weheartit

 

 

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