Por Francisco Armanet
7 septiembre, 2016

El síndrome de Peter Pan… La 3 es demasiado común.

Seamos honestos; la idea de levantarse de la cama solamente a almorzar y pasar la tarde tomando sol junto a la piscina mientras tomas una fría limonada con menta es altamente atractiva para cualquiera. Vestirse, cazar pokemones hasta antes que caiga la noche y luego salir de fiesta con tus amigas y amigos, también lo es. Ahora bien, la gran mayoría de las veces, digámoslo, eso es una utopía. Si no ganaste la lotería o recibiste una millonaria herencia de parte de tu abuelo bisabuelo dueño de minas de oro, sin duda estamos hablando de una fantasía. La realidad dice que hay que levantarse temprano, pasar frío en las mañanas, trabajar, pagar impuestos, dormir 8 horas diarias y luego despertarse para repetir la secuencia una y otra vez durante toda la vida. No es fácil y por eso hay (o habemos) quienes prefieren (o preferimos) mantenernos al margen de todas las reglas que impone el sistema y no crecer nunca.

A ratos, puede parecer una idea atractiva y envidiable. Sin embargo, los costos asociados son altos y el precio a pagar muy caro. 

Los psicólogos lo han llamado el Síndrome de Peter Pan y estas son las 4 actitudes típicas de las personas que lo sufren (o disfrutan)

1. Postergar demasiado la toma de decisiones.

Cuando hablamos de decisión, no nos referimos solamente a cosas sustancialmente importantes. Una decisión puede ir desde sacarle la revisión técnica a tu auto hasta ponerle término a una relación tóxica que te está contaminando la vida. Nadie ha dicho que es fácil, pero está demostrado que las personas que tardan mucho o no toman decisiones, están consciente o inconscientemente negándose a dar un paso hacia la adultez. Créanme, tener 40 años no es sinónimo de ser adulto. Hay personas de esa edad que se comportan como niños.


2. Evadir situaciones difíciles.

Va vinculado al punto anterior. La vida se encargará, más temprano que tarde, de ponernos a prueba y someternos a problemas de difícil solución. Puede ser un trabajo que parezca demasiado complejo, una situación que requiera mucho esfuerzo, o bien, un compromiso riesgoso. Las situaciones complicadas son parte de la vida y es nuestra deber como adultos enfrentarlas. No hay mayor piedra en el camino que convencernos a nosotros mismos que no podremos pasarla por encima. Valiente no es el que no teme, sino el que va a pesar del miedo.


3. Miedo al compromiso.

El compromiso a veces asusta. Tener que responderle a nuestra pareja, a nuestro jefe, o a un socio no es lo que, a simple vista, todos quisiéramos. Pareciera que el hecho de estar «obligados» a hacer o decir algo es una pesadilla. Sin embargo, lo que muchas veces olvidamos, es que el compromiso es sinónimo de estabilidad y al estabilidad cimentará el camino para lograr grandes cosas en esta vida.


4. Hedonismo: el placer inmediato.


«Quiero esto aquí y ahora», es una frase que repiten mucho los niños. No obstante, los adultos también caemos con frecuencia en estados como ese y, por ende, impedimos el crecimiento y el aprendizaje. Cultivar la paciencia, esforzarnos y perseverar en aquello que queremos conseguir, siempre es una buena estrategia. Las mejores inversiones no son las de dinero, sino aquellas en las que se emplea tiempo y dedicación para luego obtener un premio mayor.


Crecer no se trata de ser una persona aburrida. Los adultos también podemos jugar y divertirnos, sin embargo, es importante hacerlo sabiendo que somos adultos, que tenemos responsabilidades y que el juego no es para siempre. 

¿Tú qué opinas al respecto?

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