Por Macarena Salvat
16 marzo, 2015

Probablemente sólo quería evitar herirte o hacerte sentir mejor

Las madres han mentido a sus hijos desde los tiempos de la invención del lenguaje. A veces las mentiras son para la propia conveniencia de la madre, como la restricción que indica que no es seguro nadar hasta una hora después de almorzar. Otras veces las mentiras son usadas para proteger el ego del niño de la dura realidad, porque el niño no puede cantar bien ni tocar las notas correctas. Pero, en su mayoría, las madres les mienten a sus hijos para hacer que sus hijos crean que todo es posible si trabajan duro y comen bien.

Una de las mentiras más grandes que tu madre te dijo fue que podías ser lo que sea que quisieras si trabajabas duro. Esto simplemente no es verdad. La chica pequeña y ancha nunca será una modelo de pasarela sin importar lo mucho que lo intente. El chico torpe y poco atlético no tiene ninguna posibilidad de ser un jugador de béisbol profesional. Nunca lograrás tener un trabajo o una carrera que se relacione con algo con lo que no eres bueno a menos que tus padres sean dueños de un negocio, una agencia de modelaje o una franquicia de béisbol.

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De forma similar, no puedes tenerlo todo. Punto. Decirle a tu hijo o hija que puede tenerlo todo viene con buenos deseos, pero puede que sea la madre de todas las mentiras que tu progenitora alguna vez te dijo. Nadie lo tiene todo. Puede que seas hermosa, talentosa y tengas mucho dinero y estés casada con una estrella de cine pero también puedes tener una mutación genética que hará que tengas cáncer. Puede que seas una madre con una carrera fabulosa y unos hijos adorables pero lo más probable es que sientas culpa por tener que escoger entre pasar tiempo trabajando o pasar tiempo con tus hijos. Nadie lo tiene todo realmente, excepto algunos monjes que no tienen posesiones y andan descalzos, pero una vez más, no tienen zapatos, así que tampoco lo tienen todo.

Puede que tu madre te haya dicho que puedes tener el cuerpo que quieras si ejercitas como loca y comes comida vegana o macrobiótica o que se yo. Pero no es verdad. Te mintió. Estaba intentando motivarte para que te mejoraras a ti misma y debieses agradecerle por la inspiración que te dio, asumiendo que no te impulsó a que desarrollaras un trastorno de la alimentación. Sin embargo, el ejercicio y las dietas no te darán pecho más grandes o más pequeños. No puedes ejercitar o comer para ser más alta. No existe ni dieta ni ejercicio que te de unas nalgas más robustas si naciste con unas chatas. Sin embargo, la ropa interior con relleno puede ayudar.

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Las cosas buenas no les llegan a quienes esperan. Al menos no realmente. No hay tickets disponibles ni cuartos en la posada para quienes esperan. Muchas cosas que quieres para ti misma o para tu hijo tienen una disponibilidad limitada y si no reservas en ese hotel, o ese asiento de avión o ese espacio en el campo o esa sesión semanal con el terapeuta, entonces no hay nada que pueda ayudarte. Actúa ahora. Actúa rápido. Nada bueno le llega a quienes dejan todo para después. A pesar de que esperar encontrar a un buen hombre en vez de involucrarte con el perdedor narciso es, de hecho, un buen plan.

No todo lo malo trae algo bueno, sin importar lo que tu madre te haya dicho. Fue dulce al intentar convertir tu fracaso definitivo en algo más positivo pero no es así. Es difícil encontrar lo bueno cuando no lograste entrar a la universidad o a la universidad que querías al menos o no te dieron el trabajo que soñabas. Ahogar tus penas en cerveza barata no califica como algo positivo.

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Por otro lado, decir la verdad es usualmente la mejor política, aunque no siempre, independiente de lo que tu madre te haya dicho. “¿Me veo gorda?” y “¿Crees que le gusto?” son dos preguntas que nunca debieses responder de forma honesta si valoras la amistad que tienes con tu mejor amiga. Todas hemos estado en esa situación en la que una amiga modelaba orgullosamente un vestido horrible o quería saber si pensábamos que cierto chico la miraba con otros ojos cuando sabíamos que el tipo ni siquiera sabía que ella existía.

Puede que tu madre te haya dicho que no debes llorar por cosas que ya no puedes cambiar, pero también estaba equivocada con eso. Es mucho mejor dejar que tus emociones fluyan a guardarlas y hacer que te generen problemas que luego requerirán terapia.

Finalmente, los hombres no son taxis. Mi madre solía decirme que los hombres eran como taxis y que si perdías uno, habría muchos otros pasando por la calle muy pronto y que no me preocupara. Desafortunadamente, en esos lugares donde vive mucha gente no pasan muchos taxis. Y muchos conductores se detienen cuando ven mujeres más jóvenes. Así que esa era otra mentira.

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Es probable que tu madre haya tenido buenas intenciones. Te dijo estas mentiras para no herirte aún más cuando te enfrentaste al rechazo o para motivarte a no perder las esperanzas. Te mintió para protegerte. Pero no estaba mintiendo del todo. Ese colorante naranjo brillante de las comidas es malo para ti.

Todos debiésemos aspirar a darles consejos a nuestros hijos que vengan de nuestros corazones, tal como lo hicieron nuestras madres. Y nosotros también, sin duda alguna, nos equivocaremos en algunas cosas. Esperemos que podamos entregarles un mensaje más exacto y que comprendan que al menos algunas cosas sí son posibles si trabajas duro y comes bien.

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