Por Carolina Mila
23 enero, 2015

Micheal Cavender solía juzgar a las madres que se quedaban en casa con los niños porque le parecía que su vida era muy fácil. Hasta que le tocó hacerlo a él. En este post nos cuenta cómo es un día cualquiera para él, mientras que a la vez le pide disculpas a todas esas madres que el juzgo sin saber de lo que hablaba.

Les debo una disculpa a todas las mujeres. Especialmente a las que se quedan en casa para ser mamás.

Solía ser como muchos hombres que tienen esta noción de que las madres que se quedan en casa con sus hijos todo el día están a) aprovechándose de su pareja que sale a trabajar, o b) sentadas todo el día sin hacer nada. En el pasado, me enojaba bastante con mi esposa cuando había ciertas cosas de la casa que no estaban listas para cuando yo volvía del trabajo. Fui culpable de pensar, más de una vez, “que agradable debe ser sentarse todo el día a ver televisión.”

¿Estaba equivocado? Muchísimo.

Adelantémonos unos años. Mi esposa es hoy la que va a la oficina todo el día, y yo soy un padre que se queda en casa. Al principio pensé que sería una brisa y que manejaría la casa mejor, de un modo más eficiente. De hecho, una de las primeras cosas que hice como un padre que se que en casa fue reordenar por completo la despensa y el refrigerador. Tenía todo dentro de él alineado, con las etiquetas hacia mí, separados por tipo de comidas, condimentos, etc. y estaba extremadamente orgulloso de mí mismo.

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¿Quieren saber cómo se ve mi refrigerador hoy?

Tuve un buen comienzo, y pensé que podría mantener ese momentum y mantener la casa limpia, lavar la ropa, y tener la cena lista para cuando mi esposa llegara a casa después de su día en la oficina. Bueno, pude hacerlo durante una semana, y ahora, mirando hacia atrás, no estoy seguro de cómo logre hacerlo por tanto tiempo.

Verán, nunca tome en consideración todos los desafíos diarios y problemas que surgen al estar con los niños todo el día. Así que trataré de darle un recuento más completo de mi día para ilustrar lo que quiero decir…

6:00 am: Me levanto, le preparo un café a mi esposa, llevo a mi hijo a la ducha, preparo su mochila, me aseguro que haya hecho sus tareas y de que ha lavado sus dientes.

6:45 am: Acompaño a mi hijo a la parada del autobús.

7:01 am: Alcanzo a cruzar l puerta justo a tiempo para escuchar a mi hija de tres años quejarse y llorar, rogando que le sirva panqueques y jugo. Le gusta tomar su desayuno en la cama mientras ve sus dibujos animados en la televisión.

7:02 am: Le sirvo sus panqueques y jugo, y por lo general recibo pulgares hacia arriba en forma de aprobación, pero no siempre es el caso.

7:15 am: PIENSO en ducharme. No puedo.

7:30 am: La esposa se va al trabajo.

7:30 – 9:00 am: Este espacio de tiempo siempre es variado. A veces me acuesto con las niñas un rato. Si no lo hago, ellas se levantan a las 7:30 AM, y sinceramente, no puedo con ambas y todo el drama que nace cuando están agotadas más allá de lo posible y un poco idiotas para la hora del almuerzo porque se levantaron tan temprano. Además, trabajo todas las noches hasta la medianoche y a veces necesito dormir un poco más. Sin embargo, no siempre logro descansar cuando cada 15 minutos hay alguien pateándome, saltando sobre mí, poniendo su trasero en mi cabeza, o pidiéndome un chupete.

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9:00 am: Recibo un pedido (creen que soy un sirviente de su restaurante favorito llamado “El Café de Papá”) de parte de mi hija de tres años, quien quiere “Nuggets de Pollo y Jugo”. Luego de decirle que es demasiado temprano para el pollo con jugo, inmediatamente comienza su pataleta de 5 minutos hasta que… *redoble de tambores*… LE SIRVO NUGGETS DE POLLO Y JUGO. No me deja propina.

9:05 am: Me siento en el sofá con mi laptop en un intento inútil de trabajar algo.

9:06 am: Ahora mi hija de 18 meses come nuggets de pollo y bebe jugo mientras se sienta en mi cabeza.

9:15 am: Limpio las migas de pollo de mi cabeza y del sofá. A veces ella come barras de granola, y limpiar eso es un animal completamente distinto.

9:17 am: Cambio de pañales.

9:20 am: Me siento en el sofá.

9:21 am: Me piden que ponga Bob Esponja. (El episodio de la Astilla – me gusta cómo te piden ciertos episodios.)

10:30 am: La de 18 meses toma una siesta mientras la de tres años mira televisión, juega con sus juguetes, y me pregunta algo cada 20 segundos.

10:35 am: Finalmente me meto a la ducha.

10:45 am: Cambio de pañales (de los apestosos).

11:00 am – 12:00 pm: Logro sentarme y hacer algunas cosas para el trabajo.

NOTA: Ya es MEDIODÍA y no he movido un dedo para temas caseros.

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12:00 – 12.30 pm: Las niñas almuerzan (sorpresa: ¡más pollo!) mientras hago un modesto intento de mantener limpia la cocina mientras preparo los siete platos en que consiste su comida.

12:30 – 2:00 pm: Finalmente limpio la cocina y lavo algo de ropa. Si tengo suerte, recojo algunos de los 19.000+ juguetes y bloques que están en el suelo de la sala de estar. Si tengo mucha suerte puedo atravesar la sala de estar sin pisar uno de esos juguetes extremadamente filosos que las compañías piensan son seguros para venderle a los niños. Es como caminar por un campo minado, en una casa llena de terroristas hostiles.

2:00 – 2:30 pm: Logro que las niñas se vistan para que podamos caminar hacia la parada del autobús. SÍ, AÚN ESTÁN EN SUS PIJAMAS.

2:30 – 3:00 pm,: Las niñas juegan en la parada del autobús mientras esperan que llegue su hermano de la escuela.

3:00 – 4:00 pm: Las niñas se acuestan para una siesta mientras mi hijo va a su habitación. La cocina es nuevamente un desastre dado que él se buscó unas meriendas y exploró por las despensas. A veces logro usar esta hora para ponerme al día con el trabajo, pero no siempre.

4:00 – 5:00 pm: Soy el árbitro de una pelea entre mi hijo y mi hija de algún tema variado, sin sentido, como por ejemplo: el territorio de la casa que les pertenece.

Hijo: “PAPÁ, saca a SYD de mi habitación. ¡Está tocando mis cosas importantes!”
Hija: “¡No lo hago!”
Hijo: “Sí, ¡lo haces, Syd! ¡Estás tocando todas mis cosas importantes y haciendo ruidos!”
Yo: “Sydney, ¿estás haciendo ruidos?”
Hija. Asiente con la cabeza.
Yo: “¿Por qué? ¿Quieres molestar a tu hermano?”
Hija. Risitas. “Sí.”

5:00 – 6:00 pm: Ayudo a mi hijo con sus tareas, limpio la casa, limpio los suelos, preparo la cena.

6:00 pm: La esposa llega a casa, y cenamos. La mayoría de los días estoy demasiado agotado para hablar en mucho detalle de cómo fue mi día, y a veces estoy tan frustrado que como mi cena en el porche, solo.

NOTA: Esto es en un BUEN día.

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Cada día es distinto. No hablé aquí de los días en que están enfermos, de los cortos circuitos de una hora, los varios desastres aleatorios, los tramites, los castillos que hay que construir con los bloques, el champú que debo limpiar del suelo, el detergente que debo limpiar del plato de agua del perro, el volver a doblar la ropa limpia que los niños han tirado por toda la casa, los charcos de pipí que tengo que limpiar cuando la bebé se ha sacado los pañales y ha hecho pipí en el suelo de la cocina, los baños de medio día porque uno de ellos pensó que sería gracioso jugar en el lodo, el colgar nuevamente las cortinas que los niños han sacado de las paredes, volviendo a poner las cajoneras en su sitio luego de que las hayan sacado y usado para deslizarse en la casa como si fueran autos, y la lista continúa.

Así que, quien llegue a casa de la oficina, ya sea el esposo o la esposa, no tiene idea de lo que su pareja ha tenido que vivir durante el día. El otro día, por ejemplo, mi esposa llegó de la oficina y estoy en el patio viendo a las niñas jugar. Era un día hermoso y yo estaba sentado en una silla mirando a las niñas. Ella sale del auto y pregunta “¿Y la cena?” Le dije que estaba esperando a que llegara para que las niñas pudieran jugar afuera y ella me dice, y la cito:

“¿Qué te está pasando últimamente?”

¡¡¿DE VERDAD?!! Acabo de pasar 12 horas con tres monstruos y me tomé unos minutos para mí, para tomar algo de aire fresco y cuando mi esposa llega a casa, ¿eso es lo primero que escucho?

Por eso, y en conclusión, me disculpo de todo corazón con cada mujer sobre quien he dicho algo negativo, o sobre quien he bromeado por ser una madre que se queda en casa. No es fácil. De hecho, es el trabajo más difícil que he tenido.

Visto en Scary Mommy y Weheartit

 

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