Por Carolina Mila
25 enero, 2015

Este artículo fue escrito originalmente por Adrienne Lafrance para The Atlantic

Desde dicha y apego hasta ansiedad y el deseo de proteger, el comportamiento maternal comienza con reacciones bioquímicas.

La artista Sarah Walker me dijo una vez que el convertirse en madre es como descubrir la experiencia de tener un nuevo cuarto en la casa en la que ya vives. Siempre me gustó la descripción de Walker porque es más precisa que lo que la que muchos dan cuando llega un recién nacido a su vida: Todo cambia.

Porque muchas cosas sí cambian, claro, pero para las madres primerizas, algunas de las diferencias más duras son también las más íntimas: los cambios emocionales. Los cuales, resulta, son en gran parte neurológicos.

Varios neurólogos me dijeron que incluso antes de que una mujer dé a luz, el embarazo altera la estructura misma de su cerebro. Después de siglos de observar cambios en el comportamiento de las nuevas madres, solo recientemente los científicos han comenzado a vincular de forma definitiva la forma en la cual la mujer actúa con lo que está sucediendo en su corteza pre frontal, mesencéfalo, lóbulos parietales, y en el resto del cerebro. La materia gris se vuelve más concentrada. La actividad aumenta en las regiones que controlan la empatía, ansiedad, e interacción social. Estos cambios, incluso en un nivel básico, inducidos por una inundación de hormonas durante el embarazo y en el periodo de post parto, ayudan a que la madre sea atraída hacia su nuevo bebé. En otras palabras, esos sentimientos maternales de amor sobrecogedor, protección feroz, y preocupación constante comienzan con reacciones en el cerebro.

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Muchos científicos creen, además, que el hacer un mapa del cerebro maternal es la clave para entender porqué tantas madres primerizas sufren de serias ansiedades y depresiones. Se estima que una de cada seis mujeres sufren de depresión post parto, y en muchas de ellas surgen comportamientos como el lavarse las manos compulsivamente y revisar obsesivamente para asegurarse de que el bebé está respirando.

“Esto es parte de casi todos los comportamientos obsesivos compulsivos durante los primeros meses luego de la llegada del bebé,” me dijo la investigadora de cerebros maternales, Pilyoung Kim. “Las madres reportan niveles muy altos de patrones que siguen pensamientos de cosas que no pueden controlar. Están pensando constantemente sobre el bebé. ¿Está sano? ¿Enfermo? ¿Satisfecho?”

“En las mamás primerizas, hay cambios en muchas áreas del cerebro,” continúa Kim. “Hay un crecimiento en regiones cerebrales involucradas en la regulación de las emociones, regiones relacionadas con la empatía, pero también con lo que llamamos motivación maternal, y yo creo que esta región puede estar asociada en gran parte a comportamientos obsesivo compulsivos. Tanto en los animales como en los humanos, durante el periodo de post parto, hay un enorme deseo de cuidar a su hijo.”

Hay varias regiones cerebrales interconectadas que ayudan a impulsar comportamientos y ánimos maternales.

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Científicos le han seguido el rastro a la actividad cerebral de las mujeres viendo fotos de sus bebés y de bebés de otras personas que no conocen. (Sociedad de Neurociencia)

Los investigadores están particularmente interesados en el set de neuronas con forma de almendras conocida como la amígdala, la cual ayuda a procesar los recuerdos e impulsa reacciones emocionales como el miedo, la ansiedad, y la agresión. En un cerebro normal, la actividad en la amígdala crece en las semanas y meses luego de haber dado a luz. Los investigadores creen que este crecimiento tiene correlación con el comportamiento de una madre primeriza –una amígdala que se ha vuelto más grande hace que ella tenga una hipersensibilidad hacia las necesidades de su bebé– mientras un coctel de hormonas, el cual encuentra más receptores en amígdalas más grandes, ayudan a crear un ciclo de retroalimentación positiva para motivar los comportamientos maternales. Los científicos han descubierto en varios estudios que con solo mirar a su bebé, el centro de recompensas del cerebro de una madre comenzará a funcionar. El circuito del cerebro maternal influencia en la forma dulce que tiene una madre para hablarle a su hijo, en lo atenta que es, e incluso en el afecto que sienta hacia su bebé. Por lo tanto, no debería resultar sorprendente que una amígdala dañada sea asociada con niveles más altos de depresión en las madres.

El daño en la amígdala de los bebés también podría afectar la unión entre madre e hijo. En un estudio publicado en 2004 en el Journal of Neuroscience, se descubrió que era menos probable que bebés de monos con lesiones en sus amígdalas vocalizaran su angustia, o que escogieran a sus propias madres por sobre el resto de los monos adultos. La capacidad de un recién nacido de distinguir entre su madre y cualquier otra persona está vinculada con su amígdala.

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La actividad en la amígdala también es asociada con los fuertes sentimientos de una madre sobre su propio bebé versus los bebés en general. En un estudio sobre la respuesta de la amígdala en madres primerizas llevado a cabo en el 2011, las mujeres reportaron sentirse más positivas viendo fotos en los que se viera a sus propios bebés sonriendo en comparación con fotos de bebés desconocidos sonriendo, y su actividad cerebral reflejó esa discrepancia. Los científicos tienen registros de respuestas cerebrales muy marcadas –en la amígdala, tálamos, y en todas partes– entre las madres cuando miraban las fotos de sus propios bebés.

Los investigadores asociaron una respuesta mayor por parte de la amígdala cuando veían las fotos de sus propios hijos fue con una menor ansiedad maternal y con menos síntomas de depresión. En otras palabras, el cerebro de una madre primeriza cambia para ayudarla a sentirse motivada para cuidar a su bebé pero también puede ayudar a estabilizar su propio estado emocional. En el estudio se puede leer lo siguiente:

«Así, una respuesta mayor por parte de la amígdala al rostro de un bebé propio, tal como se observa en nuestro estudio, probablemente refleja una respuesta, sentimientos, y experiencia maternal con aspectos pro-sociales más positivos. Las madres que experimentaron niveles más altos de ansiedad y niveles más bajos de ánimo demostraron tener una respuesta menor por parte de la amígdala a su propio bebé y reportaron tener actitudes y experiencias parentales más estresantes y negativas.»

Mucho de lo que sucede en la amígdala de una madre primeriza tiene que ver con las hormonas que fluyen hacia ella. La región tiene una alta concentración de receptores hormonales, como la oxitocina, la cual surge durante el embarazo.

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«Vemos cambios a niveles hormonales y cerebrales,” me dijo en un correo electrónico la investigadora de cerebros, Ruth Feldman. “Los niveles maternales de oxitocina –el sistema responsable por la unión entre madre e hijo a lo largo de todas las especies mamíferas– aumenta dramáticamente durante el [periodo] de embarazo y post parto y mientras más involucrada esté la madre en el cuidado del bebé, mayor es el aumento en la oxitocina.”

La oxitocina también aumenta cuando las mujeres miran a sus bebés, o escuchan los ruidos y llantos de sus bebés, o cuando se acurrucan con sus bebés. Un aumento en la oxitocina mientras amamantan puede ayudar a explicar el por qué los investigadores han descubierto que las madres que dan de amamantar a sus hijos son más sensibles al sonido se los llantos de sus bebés que las madres que no les den de amamantar. “Las madres que amamantan muestran un nivel mas grande de respuestas [cerebrales] hacia el llanto de sus hijos en comparación con las madres que alimentan a sus bebés con fórmulas en el primer mes después del parto,” dijo Kim. “Es realmente interesante. No sabemos si es el acto de amamantar o la oxitocina u otro factor.”

De acuerdo a Feldman, lo que los científicos sí saben es que el convertirse en madre se ve –por lo menos en el cerebro– muy parecido como el enamorarse. Lo cual ayuda a explicar el por qué muchos padres y madres primerizos describen ese sentimiento cuando conocen a su recién nacido. A nivel cerebral, las redes que se vuelven especialmente sensibles son aquellas que implican una dimensión social y de vigilancia –la amígdala– así como también redes de dopamina que incentivan el priorizar al bebé. “En nuestra investigación, descubrimos que los periodos de unión social involucran cambios en los mismos circuitos ‘de afiliación,’” dijo Feldman. “Demostramos que durante los primeros meses del ‘enamoramiento’ suceden algunos cambios similares entre parejas románticas.” Incidentalmente, investigadores descubrieron en un estudio del 2013 que este es el mismo circuito es el que hace que los bebés tengan un olor tan atractivo para sus madres.

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Las asociaciones neuronales entre el amor maternal y romántico, 2003 (University College London)

Los mayores cambios cerebrales ocurren cuando la madre tiene a su primer hijo, aunque no está claro si el cerebro de una madre vuelve a ser lo que era antes del parto, según lo que me dijeron varios neurólogos. Y, sin embargo, los cambios cerebrales no se hacen presentes solamente en las madres primerizas.

Los hombres muestran cambios similares cuando están profundamente involucrados en el cuidado de sus hijos. Peor la oxitocina no parece impulsar el comportamiento cariñoso de la misma forma que lo hace en las madres, descubrieron Feldman y otros investigadores en un estudio del año pasado. En vez de eso, el cerebro paternal de los hombres cuenta con el apoyo de una red socio cognitiva que se desarrolla en el cerebro de ambos sexos más tarde en la vida, mientras que las mujeres parecen haber evolucionado para tener una “constelación de comportamientos de cerebro-hormonas” que las prepara automáticamente para la maternidad. Otra forma de mirarlo: los planos para el comportamiento maternal existe en el cerebro de las mujeres incluso antes de que tengan hijos.

Entonces, quizás la maternidad es realmente como un espacio secreto en el cerebro de la mujer, esperando a ser descubierto. “A pesar de que solo las madres experimentan lo que es el embarazo, el parto, y la lactancia, y que estas las preparan de una forma poderosa para entregar un cuidado maternal por medio de la sensibilización de la amígdala, la evolución creó otros caminos para la adaptación al rol parental en los hombres humanos, y esos caminos alternativos van de la mano de la práctica, sintonización, y con la entrega de cuidado y cariño día a día,” escribieron los investigadores.

En otras palabras, el simple acto de cuidar a tu bebé crea nuevos caminos neuronales aún no descubiertas en el cerebro de los padres.

Visto en The Atlantic y Weheartit

Foto de portada: Weheartit

 

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