Es difícil expresarte lo que siento, pero esta carta es para ti.

Querido padre:

Nunca me he atrevido a escribirte mucho. Eres un hombre que expresa, pero no de muchas palabras. No eres chapado a la antigua, pero por alguna razón no se te da natural lo de conversar sobre las emociones. Incluso puedo sentir el pudor que te da cuando te cuento sobre mis sentimientos. Eres así y ya está.

Tampoco suelo hablarte y escribirte porque no conozco cómo reaccionarás. Quedé con el miedo de los años pasados, cuando siempre reaccionabas mal, un poco burlesco o a veces agresivo con las palabras. Lo que me hizo sentir en gran parte la inseguridad que me caracterizaba y de a poco voy superando. Papá, siempre he querido ser la mejor para ti y para mi mamá. Ustedes se merecen hijos excepcionales, como lo son ustedes. Hoy sé que yo también soy excepcional.

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A pesar del dolor de los años pasados, siempre cultivados también con el gran amor que nos tienes, a nosotros, tus hijos, sé que aprendí demasiado. Te agradezco por la torpeza emocional, y por sobre todo, porque todo lo que eras fue ser siempre transparente. Puede haber sido duro a veces, otras suave y genial, como eres. Pero nunca nos engañaste, ni mentiste, ni intentaste ser otra persona: eras tal cual te ha nacido en el momento. Aunque muchas personas no lo recomendarían o no les pareció, siempre has sido el más sincero frente al mundo, frente a tus hijos, y frente a ti.

No puedo explicar lo difícil para mí que es escribirte. A veces quise que fueras un padre normal, uno que se preocupa por las obviedades diarias que se presentan ante sus hijos. Es un rol que creo que no viviste tanto debido a la separación. Vives en otro mundo, en tu universo paralelo, pero bajas al mundo de vez en cuando. A veces solo quería alguien que me escuchara y no criticara por lo débil que soy. Supe, con el tiempo, de que ese es uno de los mejores abrazos que me han podido dar.

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No siempre ha sido bonito, pero sí ha valido la pena. Has cambiado y estoy orgullosa de ti. En un momento había perdido la esperanza, y estaba cansada de cuidarte y verte como a un niño. Mientras yo crecía, sentía que te ibas quedando atrás. Y hoy estoy orgullosa que cuando me preguntan por ti, puedo hablar de lo bien que estás. De que sí has crecido. Y sé que aún queda mucho por sorprenderme de acá en adelante.

Gracias papá, porque me has enseñado con tu carácter y personalidad. Porque el rol que has cumplido, a tu manera pero siempre cerca de mí y mi hermano, es el que la vida sabía que debías cumplir. Que no se te olvide, que aunque estemos grandes, aún queda mucho por hacer con nosotros. Aún eres y seguirás siendo siempre nuestro papá, y tendrás que aprender tanto de ello como nosotros. Saliste adelante con un bebé a tus 21, y de seguro lo puedes seguir haciendo hoy.

Gracias, por hacerme vivir más fuerte, más segura, y valorar lo que tengo hoy en mi vida.

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